Mencionar a Isaac Asimov en las élites intelectuales madrileñas, huelga decir, equivale a eructar en una recepción con los reyes. Nadie te lo recriminará directamente, fingirán que no ha pasado, pero notarás cómo poco a poco todos se alejan en silencio, incómodos.
22.11.25
La guerra imaginaria, de Fernando Bonete Vizcaíno
1.11.25
La religión gnóstica, de Hans Jonas
De joven tuvo como maestro a Martin Heidegger, y como es de rigor, su maduración filosófica se supone que vendría pensando contra él, pero nunca consiguió matar del todo al padre y su prosa es a menudo tan farragosa, vacía y críptica como la del viejo nazi. Aunque las propuestas de Jonas son infinitamente más interesantes y, por ejemplo, El principio de responsabilidad, su obra más reconocida, tiene bajo su hojarasca heideggeriana un gran nutriente ético.
El libro de Jonas que nos ocupa ahora es, sin embargo, La religión gnóstica. El mensaje del Dios Extraño y los comienzos del cristianismo. Aquí analiza, con una erudición insultante, las creencias gnósticas, sus orígenes históricos y su impacto en el pensamiento religioso y filosófico, especialmente en relación con el helenismo y el cristianismo primitivo, imperantes en la época.
5.10.25
Cristiandad. El triunfo de una religión, de Peter Heather
Cristiandad. El triunfo de una
religión es la última
obra publicada en nuestro idioma por Peter Heather, profesor de historia
medieval del King College de Londres, y experto en el Imperio Romano y en la
Edad Media. Este celebrado y polémico autor norirlandés ha tenido cierta
fortuna con sus traducciones y podemos encontrar en español casi todos sus libros
principales. En la editorial Crítica, además de Cristiandad, han
aparecido La caída del Imperio Romano, Emperadores y bárbaros y La
restauración de Roma. Cuatro libros tan extensos como eruditos en los que reconstruye
las vicisitudes de los primeros mil quinientos años de historia occidental.
Cristiandad se centra en cómo el mensaje de Cristo empezó siendo un culto proscrito para convertirse en una religión hegemónica en la Europa medieval. Son ochocientas páginas de texto seguidas de casi otras doscientas páginas de notas y bibliografía. No es desde luego un libro liviano que poder llevar en el bolsillo, pero lo monumental de la edición no debe echar para atrás al lector generalista. Está muy bien escrito, con prosa amable y accesible, y sin exigir conocimientos previos del tema ni ametrallarnos con jerigonza de especialistas. La lectura requiere muchas horas porque seguramente no se podía tratar un tema tan amplio en menos espacio, pero la inversión de tiempo merece la pena.
28.9.25
Josep Pla o la razón narrativa, de J.M. Castellet
21.9.25
Lejos de mí, de Clément Rosset
La
obra de Clément Rosset crece en espiral. Desde un núcleo temático -el problema de lo real-, sus reflexiones orbitan y se expanden en libros breves que escribe regularmente para matizar un poco más lo dicho anteriormente; pero
siempre habla de lo mismo. Para este
filósofo francés, lo que llamamos “real” es una cosa idiota y cruel, o sea muy
poca cosa, y por eso inventamos “dobles” salvíficos que tratan de dar cierto sentido a
todo, y evitan así que veamos este puerco mundo tal cual es y queramos saltar debajo de un autobús.17.8.25
Ñamérica, de Martín Caparrós
Antes de la aparición de internet Martín Caparrós habría sido el
cronista más importante del momento. Sus artículos en El País se leerían como
hitos culturales de la semana, y pasearse con sus libros bajo el brazo sería
una nota de buen gusto entre la intelectualidad hispánica. Pero internet es un
infinito salvaje de propuestas similares —la mayoría peores, pero también
algunas mejores—, y tantos bits de información hacen difícil que alguien tan
predigital, que da la sensación de que todavía teclea una Olivetti en alguna
pensión crujiente mientras fuma Ducados, pueda ya ser un referente inapelable
en esto del periodismo narrativo bien hecho.
Por otro lado, quizá su principal atractivo es que parece desconocer cómo se hacen hoy las cosas en su género. Ñamérica, el libro que nos ocupa, son seiscientas setenta y tres páginas de puro texto; sin fotografías, sin enlaces a YouTube, sin DVD anexos ni, mucho menos, códigos QR para descargar material adicional. Magnífica prosa de la vieja escuela sin aditivos.
2.8.25
El amanecer de los derechos del hombre, de Jean Dumont

Si nos fiáramos de los libros de historia, concluiríamos que todos los avances desde las cavernas hasta hoy se los debemos a los estadounidenses y a los europeos (del norte, claro). El resto de los pueblos oscilamos entre el oscurantismo y el subdesarrollo patológico. Según esta visión mainstream de la historia, los españoles —como los chinos o los egipcios— no existen realmente, o si existen, es solo como espejo exótico y negativo de los valores civilizatorios.
Los españoles son definidos sistemáticamente como seres extraños, refractarios a la modernidad, que cruzaron el océano sedientos de sangre y oro, con mentalidad aún medieval y el demonio de la Inquisición corriendo por sus venas. El Descubrimiento de América fue, según esta visión, una barbarie sin matices (y, de hecho, fue una barbarie, pero habría mucho que matizar).
La realidad es que el siglo XVI español fue una oscilación constante entre la ignominia y la grandeza. Unos centenares de desheredados, muchos enfermos de paludismo, conquistaron en poco tiempo una extensión de territorio sobrecogedora. Además, sus libros de crónicas constituyen un legado impagable para la humanidad: nunca antes se había descrito con tal profundidad y maestría la aparición del Otro.
26.7.25
Imposturas intelectuales, de Alan Sokal y Jean Bricmont
Mientras la autoridad inspira un temor respetuoso, la confusión y lo absurdo potencian las tendencias conservadoras de la sociedad. En primer lugar, porque el pensamiento claro y lógico conlleva un incremento del conocimiento (la evolución de las ciencias naturales constituye el mejor ejemplo) y, tarde o temprano, el avance del saber acaba por minar el orden tradicional. La confusión de ideas, en cambio, no lleva a ninguna parte y puede mantenerse indefinidamente sin causar el menor impacto en el mundo.
Stanislaw Andreski
Que el lenguaje es mera convención ya lo sabían los primeros budistas, y es una evidencia que no se le escapa ni a un hincha deportivo. Por supuesto que un lápiz se llama “lápiz” por consenso, y ese consenso, al ser subjetivo, es sospechoso. Pero decir que el lenguaje carece de legitimidad por ello es una insensatez que se le ocurrió a Nietzsche y que han repetido hasta el hartazgo nuestros posmodernos (que, paradójicamente, dejan estas elucubraciones por escrito).
5.7.25
La posmodernidad en jaque, de José Luis Borges y Javier Ormazabal
28.6.25
La sociedad multiétnica, de Giovanni Sartori
El teórico de la ciencia política Giovanni Sartori (1924-2017) termina uno de sus libros más polémicos, La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo, extranjeros e islámicos, explicando que el razonamiento desplegado hasta entonces se ha basado en la muy weberiana distinción entre la ética de la virtud y la ética de la responsabilidad. La primera es eminentemente cristiana, y consiste en ser “virtuoso” como un fin en sí mismo, sin preocuparse por las consecuencias de nuestros actos, porque mientras se obre según las más altas moralidades lo que suceda es cosa de Dios y no nuestra, que hemos cumplido nuestra parte. La segunda es un poco más realista y pragmática, y consiste en hacerse responsable de las decisiones propias, en asumir que demasiada mermelada buenista empalaga, y que vivimos en un mundo bastante trágico y que a veces hay que elegir lo menos perjudicial. La primera ética, nos dice Sartori, vale más o menos para la vida privada, pero en la esfera pública, o sea en la política, rechazar responsabilizarse de los efectos de nuestras acciones en aras de constructos ideológicos es la antesala de inminentes desgracias colectivas.
21.6.25
Libertad fatal, de Thomas Szasz
Thomas Szasz (1920-2012) fue un psiquiatra libertario que se opuso
siempre a las intromisiones del Estado y a las coacciones médicas en la
vida del individuo. Para él nadie, salvo el propio interesado, tenía
derecho a decidir si podía o no consumir drogas, recibir o no cualquier
tipo de tratamiento psiquiátrico, o suicidarse o no por decisión
propia cuando estimara oportuno.14.6.25
Beyond the black rainbow, de Panos Cosmatos
8.6.25
Corre, rocker, de Sabino Méndez
—¿Cómo está don Manuel?
—Muy mal, muy mal. Tengo cataratas y, desde que me rompí la cadera, no puedo salir de casa. Estoy muy mal, muy mal... ¡Esto con Franco no pasaba!
La nostalgia es tramposa. Nos hace recordar lo bueno y no lo malo, o ignorar que antes el mundo no era más bonito, sino que nosotros éramos más jóvenes. Así que hay que evitar las melancolías a lo Jorge Manrique. Por lo general, el tiempo avanza gradualmente hacia cuotas más altas de civilización, pero nosotros, como personas, vamos al contrario: envejecemos, ganamos en canas y dolores, y finalmente nos morimos sin que el planeta vaya a dejar de girar por ello. Antes estábamos delgados y éramos más guapos, en efecto, pero eso no significa que cualquier tiempo pasado fue mejor.
1.6.25
El año del pensamiento mágico, de Joan Didion
En el documental
de Netflix sobre Joan Didion hay un momento que es entre abyecto y glorioso,
ése en el que le preguntan que qué pensó cuando vio a un niño de seis años
adicto al crack y ella contesta que pensó que ahí había material para un gran
artículo. Tras esa respuesta epatante hay una coherencia de alguna manera
admirable. Didion tiene alma de reportera que sabe no implicarse, y esa misma
frialdad aparente la vuelca contra sí misma en El año del pensamiento mágico, donde describe lo que le sucedió en
el 2004, año en que con muy pocos días de diferencia su hija fue hospitalizada
de urgencia (moriría poco después) y su marido falleció de un infarto delante de ella.25.5.25
Piel Roja, de Juan Gracia Armendáriz
Piel Roja de Juan Gracia Armendáriz es un diario bien escrito y
con fragmentos inolvidables sobre la vivencia de una enfermedad. En concreto hay
una parte en la que el autor rememora, al enterarse del fallecimiento del
escritor Félix Romeo, que cuando le conoció en vida, al verle tan pálido
y displicente, le preguntó que dónde había aparcado el ovni. Y luego
deja caer, como de tapadillo, que la muerte de Romeo bien pudo
producirse por el abuso de alcohol y drogas. A continuación lamenta que
en la época actual morir de un infarto ya no sea privativo de gente más
mayor. Y no insiste en el tema, pero en seguida vienen a las mientes
los varios jóvenes y prometedores escritores españoles que en los
últimos años han muerto por infartos –y que según la insinuación de
Gracia, fueron debidos al exceso de cocaína y noches etílicas.17.5.25
El sol desnudo, de Isaac Asimov
10.5.25
Imperios de papel, de María José Vega
3.5.25
El asedio a la modernidad, de Juan José Sebreli
Ortega y Gasset distinguía entre las ideas, que se
tienen, y las creencias, en las que se está. Las últimas son más
determinantes porque configuran nuestra existencia aunque no queramos;
por mucho que pretendamos ignorarlas están aquí, en este mundo en el que
hemos sido arrojados. Es fundamental ser consciente de las creencias de cada época para entender por qué nuestra convivencia es como es.
De ahí que una de las funciones de los intelectuales sea
mapearlas y delimitarlas, ponerlas en claro para que sepamos a qué
atenernos.26.4.25
El valor de educar, de Fernando Savater
Fernando Savater es claramente un ejemplo de esto. El socialdemócrata de manual de los años ochenta es ahora un extremista reaccionario según la clerigalla progre, que es la que domina la hegemonía cultural. El tema es que su pensamiento político ha evolucionado, pero no lo ha hecho lo suficiente como para detectar grandes rupturas en él. No es, desde luego, un caso como el de Jiménez Losantos o Pío Moa. De hecho, lleva cincuenta años diciendo básicamente lo mismo en cuestiones políticas: que los nacionalismos son malos, que el Estado no tendría que dirimir temas morales de la vida privada, que hay que poner a todo tipo de religión en cuarentena, que los derechos humanos son universales y que las culturas que se les oponen no merecen nuestra simpatía, etc.











