26.11.23

Dos palabras contra Heidegger

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1.

Martin Heidegger (1889-1976) está considerado el gran filósofo del siglo XX, lo que indica que este período de la historia de la filosofía es de baja calidad. Su prestigio sin embargo es empero voluble, ya que ha tenido décadas en las que su lectura era vergonzante y otras en las que parecía que se hacía obligatorio pasar por él para poder elaborar cualquier propuesta filosófica. Ahora estamos dejando felizmente atrás unos años postmodernos en los que la hermenéutica heideggeriana era, como decía G. Vattimo, la Koiné (o lengua común) del mundo intelectual europeo.

Heidegger ha sido totalmente hegemónico. Hemos tenido que crecer con él los que nos formamos en Filosofía en años recientes, como Marx se le salía por las orejas a los estudiantes en los años setenta o Santo Tomás saturaba a nuestros pares de la postguerra. Es inevitable cierto asco cuando un autor se impone en los planes de estudios y cercena otros posibles caminos, mucho más interesantes pero inexplorados porque no son por los que transitó el pope.

19.11.23

Hijos de hombres, de P. D. James

Hijos de hombres es una novela distópica publicada en 1992 por la autora británica P. D. James. Tuvo bastante éxito en su momento y, todavía hoy, se considera una de las novelas más influyentes del siglo XX. En 2006, Alfonso Cuarón realizó una adaptación cinematográfica que también tuvo una gran acogida y que, para muchos cinéfilos, es una de las mejores películas de los últimos tiempos.

Novela y película comparten un mismo marco argumental: en un futuro próximo, han dejado de nacer niños, por lo que la humanidad parece condenada a la extinción. Impera un ambiente de fatalismo y depresión, y en Inglaterra, donde transcurre la acción, se ha impuesto un régimen autoritario. El protagonista es Theo, un funcionario gubernamental que recupera las ganas de luchar por un futuro mejor cuando descubre que, después de dos décadas de infertilidad generalizada, va a nacer un nuevo bebé.

12.11.23

La masa enfurecida, de Douglas Murray

Douglas Murray
es un autor británico con cierto éxito; sus libros se venden bien y es una personalidad conocida en internet. Políticamente se mueve en la permeable línea que hay entre el liberalismo y el conservadurismo. Diez años atrás sería considerado un centrista típico y tópico, pero como el eje izquierda/derecha se desplaza lenta pero inexorablemente hacia la izquierda, y aunque él no haya cambiado de parecer en las últimas décadas, ahora está posicionado en eso que se ha venido a llamar la “intellectual dark web”, donde tributa como opinador derechista y políticamente incorrecto, compartiendo podio con Jordan Peterson, Ben Saphiro y tantos otros.

5.11.23

Totalitarismo: La resistencia filosófica, de VV.AA.


Totalitarismo: La resistencia filosófica
es una suerte de mapa trazado sobre la historia del pensamiento en la que se señala, como si de territorios liberados se tratara, los momentos en los que la filosofía ha demostrado ser una forma de resistencia frente a la tiranía, aquí llamada a conciencia “totalitarismo” a pesar de la modernidad del término. 

En los días finales de Febrero del 2017 un grupo de profesores de la UNED y de la Universidad Complutense de Madrid se reunieron en la facultad de filosofía de esta última institución y debatieron sobre el totalitarismo. La premisa era dialogar sobre esta forma política desde las posibles resistencias que los grandes pensadores hayan podido ejercer de una u otra manera a lo largo de la historia. 

14.10.23

La monserga de las humanidades

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Continuamente escuchamos a gente bondadosa lamentarse porque las humanidades pierden terreno en el mundo actual. Ya sea por culpa del maligno neoliberalismo, que nos quiere productivos pero sin alma, o de los políticos, que nos quieren sencillamente brutos, parece como si hubiera una conjura perversa que nos arrastra a un mundo tenebroso sin las celebérrimas humanidades. Se deduce de tal catastrofismo que estas disciplinas académicas deben de ser la luz del progreso y la panacea de la felicidad personal, y que sin ellas el averno sería nuestro hábitat cotidiano.

A las humanidades, signifique el término lo que signifique, se les rinde hoy una reverencia religiosa. Es una herejía ponerlas en duda. Son, en definitiva, un mito moderno, algo similar al mito de la cultura que tan bien describió Gustavo Bueno.

8.10.23

Idea de Nietzsche, de Fernando Savater

El Fernando Savater joven, el que escribía en los años de la Transición, era probablemente menos sabio que el de ahora, que ya peina canas, pero, desde luego, resultaba mucho más divertido. Algunos de sus libros de esa época, como Panfleto contra el Todo, Para la anarquía, Nihilismo y acción o La filosofía como anhelo de la revolución, casi no se han reeditado desde entonces, pero siguen manteniendo su vigor inicial.


Aquella era una época constituyente, en la que cada día se abolía una antigua restricción y todavía no se había impuesto un nuevo relato hegemónico sobre la sociedad. Todo estaba abierto; reinaba la autonomía individual. (No por mucho tiempo, claro. Savater mismo anunciaría, con cierta desapegada solemnidad, ya en los años ochenta, que se unía a las tropas de asalto cultural del felipismo, acatando así lo que se convertiría en el relato dominante).

1.10.23

Contra Debord, de Frédéric Schiffter


Paul Bowles decía que la diferencia entre el turista y el viajero es que el primero parte sabiendo su fecha de retorno, mientras que el segundo desconoce cuándo volverá. Con el mundo intelectual pasa lo mismo. Hay pensadores valientes que caminan fuera de las rutas asfaltadas; van con la mochila vacía porque presienten que la llenarán de alhajas y convierten el viaje en una búsqueda sin miedo a lo que puedan encontrar.
Y luego están los otros, los que inician el trayecto con todo planificado, sin lugar a sorpresas ni cambios de última hora, asegurándose de que llegarán puntualmente al aeropuerto a la hora convenida. Son los que viajan para levantar acta de sus propias descripciones de la realidad, un acta que ya estaba prácticamente escrita antes de salir. Estos son los pensadores-notario, turistas del pensamiento, con su jerigonza críptica y fieles seguidores.

En Contra Debord, Frédéric Schiffter habla de los pensadores del segundo tipo.
Como advierte el lema de la editorial: “Melusina [sic] propone al lector una serie de reflexiones concisas, contundentes y microcósmicas sobre aspectos básicos de la condición contemporánea”.
Aquí tenemos un librito de apenas cien páginas que, con una crítica al endiosamiento de Guy Debord, aprovecha para cartografiar los perfiles de un hecho social abrumador, pero no especialmente tratado: la charlatanería de ciertos popes intelectuales y la sumisión intelectual que generan.

24.9.23

Enrique Ocaña, dolor y filosofía


En los años noventa, un joven filósofo valenciano llamado Enrique Ocaña (n. 1965) llamó la atención con sus primeros libros. El Dionisios moderno y la farmacia utópica era una excelente investigación sobre la relación de varios escritores con las drogas. Más allá del nihilismo y Duelo e historia fueron dos aproximaciones a la obra de Ernst Jünger; el primero correcto y didáctico, mientras que el segundo, de gran belleza y profundidad, sigue siendo una de mis lecturas de cabecera. El último libro que presentó fue Sobre el dolor, que se supone es su gran obra, pero que a mí me parece, sin embargo, el típico mamotreto de aspirante a genio filosófico, plagado de citas y una enésima reinterpretación de los clásicos desde una supuesta perspectiva innovadora.

Lo curioso es que, cuando parecía que Ocaña iba lanzado hacia la celebridad académica, dejó de publicar y desapareció del radar. Solo en 2018 apareció Confesiones de un filósofo desaparecido en combate, un título que no puede ser más expresivo. En él, Ocaña relata sus experiencias como “filósofo politoxicómano y bipolar”, sus periplos por los bajos fondos y sus frecuentes internamientos en psiquiátricos. Este libro, que incluye la reproducción de sus diagnósticos médicos, a veces parece más una guía turística de los lugares en Valencia que uno debería evitar si quiere conservar la salud. Está escrito en forma de un diálogo consigo mismo, con interpelaciones del “interlocutor más cruel”, según la expresión de Elías Canetti, un autor clave para Ocaña.

17.9.23

Panfleto para seguir viviendo

Panfleto para seguir viviendo, de Fernando Díaz, que ahora felizmente se reedita, es el libro definitivo sobre la juventud del extrarradio madrileño de nuestros días. Se publicó por primera vez en 2007, con un texto en la solapa izquierda, donde suelen glosar la obra y milagros del autor, que se limitaba a decir: "Fernando Díaz nació en Madrid en 1979 y forma parte de una organización revolucionaria". La leyenda es que el autor ni siquiera conoció a su editora, que recibió el manuscrito y lo publicó sin siquiera un apretón de manos. Díaz insiste en el texto en que no quiere convertirse en escritor profesional. También afirma que lo que cuenta es, en verdad, su vida; si es así, estamos ante uno de los libros más importantes de las últimas décadas. Si hay algo de truco detrás, si su autor es, por ejemplo, un postgrado en literatura comparada capaz de impostar voces, sigo considerándolo importantísimo, pero ya sin voz eufórica ni exclamaciones.

Amo especialmente este libro también por cómo llegó a mi vida. En la Luis Ángel Arango, la biblioteca más grande de Bogotá, de vez en cuando hacen saldos de libros a precios irrisorios. Un día había cajas y cajas con docenas de ejemplares del Panfleto a 2000 pesos – al cambio, no llega ni a 1 euro – y pensé que el título era atractivo y que, por ese precio, me arriesgaba. Muchos estudiantes y viandantes pensaron lo mismo, supongo, porque se vendía bien.

10.9.23

Astropolítica

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Nosotros nunca caminaremos sobre la superficie de Marte. Será muy difícil que lleguemos a ver la normalización de los viajes interplanetarios o el asentamiento de colonias espaciales. Nuestra generación no cruzará esa frontera. Pero los niños que juegan hoy en el parque de nuestro barrio todavía están a tiempo. Los que alcancen la madurez a mediados de este siglo podrán visitar otros planetas o incluso vivir allí. Depende de los que somos adultos hoy prepararles el camino.

Puede que no sea mucho, pero tampoco es nada; conmueve imaginarlo: nuestros hijos o nietos, cuando sean adultos, en algún momento de descanso o introspección, ante un horizonte rojo y cubierto de estrellas, verán surgir mansamente un planeta azul al que un día llamaron hogar, y pensarán en lo mucho que les gustaría que pudiéramos estar allí con ellos en ese momento.

3.9.23

Biopoder y depilación


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El Biopoder está disponible en cremas, píldoras y aerosoles.
Tiqqun

En Asfixia de Chuck Palahniuk hay un momento en que una mujer sale corriendo desnuda, y al describir su vagina totalmente depilada, el narrador sugiere que le recuerda a “una ranura por la que pasar la tarjeta de crédito”. No es baladí la metáfora económico-consumista. Caitlin Moran, en Cómo ser mujer, abomina de las modas rasuratorias. Cuando hace cuentas de lo que hay que gastarse en cremas y otras vainas, afirma que “por fin han conseguido que las mujeres tengamos que pagar por tener coño”. Luego se pone a recordar cómo empezó todo, y explica que fue muy rápido: en los años noventa lo normal era la peludez, pero con el nuevo siglo, en poco más de un año, ir completamente lampiña se convirtió en un imperativo social. Un contagio mimético genital.

27.8.23

Cuatro visiones de la Historia Universal, de José Ferrater Mora

El filósofo barcelonés José Ferrater Mora fue uno de los intelectuales exiliados que desarrolló una vasta obra en el exterior; vivió hasta 1975 y regresó a España para pasar allí sus últimos años. Sin embargo, su relevancia filosófica en nuestro país no goza –y nunca ha gozado– de buena salud. Sus libros no se reeditan y algunos ya son prácticamente inhallables. No obstante, esto no implica que su obra carezca de valor. Entre sus escritos, se destaca un texto en particular, incluido en sus Obras Selectas (1967), titulado Cuatro visiones de la Historia Universal, que constituye una excelente puerta de entrada a lo que ha venido a denominarse la Filosofía de la Historia.

20.8.23

Una ventana al mundo

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Una ventana al mundo puede ser una oportunidad para evitar el destino de algunos organismos: la autofagia.
José Ferrater Mora

Los españoles parecen estar atrapados en una espiral autodestructiva, ahogándose en sus propios espumarajos, tal vez por costumbre. A pesar de los desafíos locales y globales que podrían abordar, persisten en mantener viejos rencores y divisiones, acusando al prójimo de sus propias miserias, cuando, en muchos casos, el vecino se encuentra tan vapuleado como ellos mismos. Durante cuatro décadas, el "Cotarro" ha envenenado la conciencia colectiva, inculcándonos la idea de que, entre izquierda y derecha, centro y periferia, creyentes y no creyentes, la convivencia es una utopía y el odio se presenta como algo legítimo. Ahora que descubrimos que todo ha sido una artimaña para manejar mejor los hilos del poder, la indignación se redirige hacia aquellos que se beneficiaban de sembrar discordia. Aunque este es un buen primer paso, todavía persiste una sensación de estancamiento propio de quien ha estado demasiado tiempo confinado en una casa que comparte con parientes a los que detesta.

13.8.23

H.P Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida, de Michel Houellebecq


Existen libros que abren nuevos caminos. No es necesario que se trate de publicaciones ruidosas y grandilocuentes; también pueden ser pequeñas insolencias intelectuales que surgen de manera inesperada y, sin hacer mucho alarde, logran reunir a seguidores con el paso del tiempo.


H.P. Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida, de Michel Houellebecq, es un claro ejemplo de esto.


Es probable que pocos lectores del novelista francés hayan prestado atención a esta obra aparentemente secundaria, y es dudoso que figure entre los títulos más vendidos de su catálogo. No obstante, en los círculos intelectuales contemporáneos, esta obra goza de una gran relevancia. La consagración de Lovecraft como referente del realismo especulativo debe mucho a este texto.

6.8.23

Sociología del moderneo, de Iñaki Domínguez


La sociología no es una disciplina cuya lectura resulte especialmente grata para el profano. La mayoría de sus textos abundan en terminología propia del gremio, así como en un enfoque farragoso y estadístico. Pocos de sus autores logran traspasar los límites de la academia, aunque los que lo hacen son celebrados por el lector generalista. George Simmel, Gilles Lipovetsky o, más recientemente, Zygmunt Bauman son ejemplos de sociólogos que saben escribir bien y que gozan de cierta estimación popular.

Otro de los problemas, creemos, que entorpece la difusión de la sociología, y que tal vez sea inherente a ella por sus orígenes marxistas, es su impugnación sistemática de la sociedad en la que vivimos. Paradójicamente, muchos sociólogos parecen detestar la sociedad, y tal vez por un síndrome de autoimportancia, se dedican a anatemizarla y profetizar su derrumbe. Pero los agoreros acaban resultando cansinos, sobre todo cuando nada de lo que auguran va a suceder realmente. Para muchos sociólogos, la colectividad es una cárcel y el capitalismo el infierno en la tierra. Aunque la verdad es que todos seguimos adelante como podemos, nos queremos tanto como nos dejamos, y en el horizonte tenemos esperanza y destellos de felicidad. Para mejorar, agradeceríamos que nos explicaran cómo es el mundo, no cómo de resentido está el ánimo del que nos lo describe.

30.7.23

Las aventuras de la vanguardia, de Juan José Sebreli

Juan José Sebreli es un prolífico autor argentino cuya distribución en España es algo irregular; varios de sus libros no han llegado aquí. Los que sí están disponibles son los tres que conforman su trilogía en defensa de la modernidad: El asedio a la Modernidad, volumen inaugural que se centra en la política; El asalto a la razón, sobre la filosofía anti-moderna; y Las aventuras de la vanguardia, que estudia a las vanguardias alzadas contra lo que, paradójicamente, las ha hecho posibles. Hay un cuarto libro, independiente pero que también sigue el hilo, llamado Dios en el laberinto, en el que cartografía la situación de la religión en nuestro tiempo.

Las aventuras de la vanguardia es la única de estas obras que, lastimosamente, no ha tenido reediciones en papel desde su aparición en 2002, pero se puede encontrar en versiones digitales. Es un libro extenso y erudito en el que Sebreli demuestra su buen hacer y su compromiso con la modernidad liberadora promulgada por Jürgen Habermas y otros filósofos afines, una modernidad que esté enraizada en la Ilustración y que sea refractaria a los irracionalismos tanto antiguos como postmodernos.

22.7.23

La muerte de un apicultor, Lars Gustafsson

Tal vez el lugar común por excelencia sea la muerte. Nuestros seres queridos se mueren, nosotros nos morimos; la muerte siempre aguarda. Somos la única especie que, desde su origen remoto, sabe que esto se termina. No porque tenga un vago instinto que le avise de que corra al ver al león, sino que racionaliza y es consciente de que, cuando aparece el león, todo puede volverse oscuridad, y entonces ya no habrá un mañana en el que abrazar a los hijos o contemplar el sol poniéndose desde la colina.

Las religiones han cumplido muy bien durante milenios a la hora de contarnos lo que es la muerte y narrarnos hermosos cuentos que nos ayuden a sobrellevarla. Pero ahora ya no están, y nadie nos susurra palabras salvíficas. Nunca habrá un relato ateo de la muerte que nos convenza realmente. Los intentos de la filosofía en el siglo XX por hacerlo han sido, necesariamente, patéticos. El león ahora nos da mucho más miedo, lo que no quiere decir que añoremos las canciones de cuna.

Sin necesidad de regodearse mórbidamente en un tema que no tiene por qué ser central en la vida, ni evitarlo radicalmente como si nunca fuera a pasar, tratar el asunto de la muerte tiene un cierto interés que oscila entre lo intelectual y el manual de autoayuda. Pero cualquier pensador que intente sistematizar y dar respuestas conclusivas sobre la muerte desde la increencia está condenado al fracaso.

16.7.23

Contra la imaginación, de Christophe Donner


Un veneno infesta la literatura: la imaginación

Con Christophe Donner hay poca hermenéutica que podamos hacer. Sólo sabemos de él que es francés y calvo, escribe cuentos infantiles, tiene un gusto terrible para las camisas y, en el 2000, publicó un manifiesto perturbador que incapacita para la ficción: Contra la imaginación (Espasa Hoy, 122 páginas).

Su lectura animará a quien crea que escribir es un compromiso intelectual y no un ejercicio evasivo. El libro es un ataque continuo contra el alejamiento de lo que "el arte ha de ofrecernos: un reflejo de la vida". O sea, una diatriba contra la piedra angular de la ficción: la imaginación, esa "hipnosis" que, como "las rimas" y "la pequeña música de las palabras", nos lleva a territorios banales y manidos. Porque, al final, la imaginación no es más que eso, una especie de refugio donde sólo habitan lugares comunes. Todo en ella se ha visto mil veces, desde las reconciliaciones amatorias bajo la lluvia hasta la muerte del soldado que compró la granja justo antes de ser movilizado.

9.7.23

Humanismo impenitente, de Fernando Savater


Los filósofos tienen algo de beatas fácilmente escandalizables. Exhiben tal respeto por los libros canónicos y por su pequeño santoral de maestros ilustres, que a la primera ironía o requiebro se sulfuran y gesticulan como ante una sangrante blasfemia. Les encanta flagelarse con lecturas imposibles, a las que dedican muchísimas horas de sus solitarias vidas, porque cuando consiguen desentrañar sus arcanos misterios se sienten incluidos en el Gran culto universal de los pedantes, taifa poco atractiva para ser sinceros, pero única en la que son aceptados, y a la que por ello tributan especial devoción. Así, Heidegger será para ellos siempre el gran pope, más que nada porque no se le entiende de primeras y, por ello, da para mucho lucimiento interpretativo.

Como los filósofos necesitan complejidad textual para poder elevarse por encima de los paganos, detestan con especial inquina a los que, de entre ellos, escriben bien y con claridad. Y odian aún más a los diletantes traidores que citan a filósofos que escriben bien y con claridad. No hay nada más divertido, por ejemplo, que ver los rostros iracundos en los conciliábulos filosóficos cuando uno comete la impertinencia de mencionar a alguien como Fernando Savater. El filósofo donostiarra está vetado en las bibliografías fetén; su nombre resuena a eructo en las galas culturetas.

2.7.23

Cómo acabar con la contracultura, de Jordi Costa


En 2018 apareció el libro Cómo acabar con la contracultura de Jordi Costa, un producto que ya se encontraba algo desfasado en la vorágine de novedades de la que vivimos, por lo que no merecía ocupar un lugar preeminente en las librerías. Sin embargo, un pequeño guiño de Pedro Almodóvar en su última película, Dolor y gloria, lo ha devuelto a la actualidad. En una escena, el personaje de Antonio Banderas—alter ego del propio Almodóvar—desprecia el libro Cómo acabar con la contracultura.

Que la referencia sea displicente no deja de ser un juego de ironías: Almodóvar sabe que, al suscribir su contenido, le está haciendo una publicidad impagable al libro.

Jordi Costa es un experto en cine que se mueve en el mundo de los estudios culturales patrios. Colaboró en el trabajo colectivo Ct o la cultura de la Transición, con un capítulo sobre la cinematografía española marginal. No es baladí que las primeras treinta páginas de Cómo acabar con la contracultura sean un análisis de la filmografía del manchego, desde su primera obra, tan inteligente y contracultural como Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, hasta sus últimas películas, en las que Costa sigue viendo cargas de profundidad y un pequeño broche final a la contracultura española desde la Transición. Almodóvar se presenta como un epifenómeno de los últimos cuarenta años de vida sociocultural del país.