29.3.25

Mater dolorosa, de José Álvarez Junco


La nación es un marco político generalizado y aun así extraño: sin tener mucho sentido ni base racional, no parece que podamos prescindir de ellas en el mundo contemporáneo. Muchas personas las dan por supuestas, como si siempre hubieran estado ahí y careciéramos de otra manera de convivir. Sin embargo ningún académico las ve como realidades milenarias o naturales: todos coinciden en que son imaginarios diseñados por minorías, ficciones que con fuertes políticas educativas acabaron imponiéndose sobre poblaciones que hasta entonces recurrían a la religión como fuente de identidad (obviamente, si las naciones fueran perennes, no haría falta inculcarlas en las escuelas).
 
Los estudiosos del nacionalismo solo discrepan sobre si el cambio de lo religioso a lo “nacional” como vertebrador social fue progresivo o súbito. Los llamados “primordialistas” creen que antes de la Revolución Francesa y la industrialización ya podemos encontrar en Europa formas de protonacionalismo del que los nacionalismos actuales serían deudores –los discursos de Shakespeare sobre Inglaterra, por ejemplo-. Los historiadores “modernistas”, empero, consideran que los antiguos reinos y sus literaturas épicas no son los antecesores de las naciones actuales, ya que éstas son construcciones recientes –mera “ingeniería social” como las llama Eric Hobsbawn, el príncipe de los modernistas-, inexplicables sin el mercado unificado y todos medios tecnológicos y propagandísticos del Estado moderno.

22.3.25

Transhumanismo, de Antonio Diéguez


El transhumanismo se anuncia hoy con timidez, quizás apenas como un murmullo; hay pocas referencias todavía en la vida cotidiana. Sin embargo, en un par de años, cinco a lo sumo, se convertirá en el tema de moda. Más adelante, tal vez en una década, será la estructura misma del mundo en el que viviremos.
Los avances tecnológicos no es que estén simplemente revolucionando la sociedad, sino que están preparando el próximo paso evolutivo del ser humano. Ya no es cuestión de si la robotización transformará el mercado laboral, si habrá ordenadores superinteligentes o si seremos los últimos especímenes del Homo sapiens; la única duda es cuándo sucederá. La cuestión es si seremos testigos de estos cambios o lo serán nuestros nietos.
Para un optimista como Ray Kurzweil, el teórico de la Singularidad, estamos en los albores de un crecimiento exponencial radical del conocimiento. Los ordenadores están a punto de entrar en una espiral de automejora que les permitirá proporcionarnos saberes tales que transfigurarán completamente nuestra existencia. Para mediados de este siglo, los humanos acabaremos fusionados con las máquinas, alcanzando una existencia incorpórea y potencialmente eterna.

15.3.25

Los orígenes de la cultura, de René Girard

Para reseñar un libro cualquiera acostumbramos a seguir un esquema. Según ese esquema, lo propio es empezar dando escuetamente los datos biográficos del autor. En el caso de René Girard hay una parte sencilla: nos consta que nació en Francia en el año 1923, que la mayor parte de su vida académica transcurrió en Estados Unidos y que allí murió en el año 2015. Lo complicado viene cuando queremos ponerle algún rótulo al campo de estudio al que se dedicó, es decir, atribuirle una disciplina académica. No es fácil determinar si fue un teórico de la literatura, de la religión o un antropólogo. Podríamos decir que fue un poco de los tres, con la peculiaridad de que lo fue siempre desde la perspectiva de la teoría mimética (aunque eso realmente ayudará poco a quien desconozca qué es la mentada teoría).

Afortunadamente, en la página 155 de Los orígenes de la cultura, el mismo Girard afirma que le gusta que le llamen “antropólogo clásico”. Así que, como en estos tiempos de sacralización de las identidades autopercibidas sería impertinente hacerle cualquier alegación, se queda con ese título.

René Girard fue, pues, un antropólogo clásico de larga vida cuyos intereses intelectuales empezaron en la literatura, continuaron en la antropología y culminaron en los estudios religiosos. Siempre desde una intuición inicial de que Aristóteles tenía razón cuando dijo que el ser humano se distingue de los otros animales en que es mimético (ahora sabemos que los animales también pueden ser miméticos, pero no es cuestión de corregir al Estagirita con datos científicos del siglo XX). Aunque esta idea nunca se abandonó del todo en la historia cultural de Occidente, sí transitó por caminos secundarios. Con la llegada de la modernidad y su encumbramiento del yo original a toda costa, esta concepción del hombre se convirtió directamente en anatema.

8.3.25

Filosofías del underground, de Luis Racionero

En los crepusculares días de la pandemia pasó desapercibido el fallecimiento de Luis Racionero (1940-2020), un ensayista casi siempre sugestivo que llevaba varias décadas publicando. Escribió muchos libros de diverso interés en los que trató temas como el urbanismo, el arte, la política y las religiones.

A diferencia de muchos de sus coetáneos, Racionero no se nutrió de las corrientes filosóficas continentales predominantes en su época o, si lo hizo, fue con manifiesto desagrado. Su formación fue eminentemente estadounidense, lo que marcó una notable diferencia en su enfoque intelectual. En su estupendo Memorias de California narra su periplo como estudiante en Berkeley en los años sesenta, donde se empapó del ambiente hippie, del pensamiento contracultural y de la revolución psicodélica. Esta experiencia marcó profundamente su obra, impregnándola de un aire lisérgico y libertario que lo acompañaría durante toda su trayectoria. Racionero rehuía la jerga postestructuralista afrancesada, prefiriendo citar y divulgar a autores anglosajones menos conocidos en el mundo hispano, como Alan Watts o Lewis Mumford. Su buen hacer escribiendo, claro y para un lector generalista, reflejaba también su impronta norteamericana.

2.3.25

Milan Kundera y el totalitarismo kitsch, de Iván Vicente Padilla Chasing


Milan Kundera es un escritor paradigmático del buen hacer literario. No existen sin embargo, que sepamos, grandes estudios en nuestro idioma sobre el aspecto ensayístico de su obra. Por eso, celebramos la publicación de Milan Kundera y el totalitarismo kitsch. Dictadura de conciencias y demagogia de sentimientos, de Iván Vicente Padilla Chasing, un libro a priori silencioso, publicado por la Universidad Nacional de Colombia en 2010, que ha encontrado una vida más larga gracias a internet. 

En sus 170 páginas se analizan los conceptos y reflexiones del autor checo, especialmente en El arte de la novela, La inmortalidad y La insoportable levedad del ser. El eje central del libro es el concepto de "kitsch", que comenzó designando lo cursi o excesivo en el arte, pero que con el tiempo amplió sus significados hasta adquirir, en Kundera, una dimensión política y sociológica de gran perspicacia. En La insoportable levedad del ser, el kitsch es el imperativo que nos obliga a conmovernos de una manera determinada, a marchar con la multitud con los ojos acuosos y a reverenciar al poder sin cuestionamientos.