En las elecciones de 1974 a la presidencia de la República de Colombia los tres candidatos fueron Alfonso López Michelsen, Álvaro Gómez Hurtado y María Eugenia Rojas, los tres hijos de ex presidentes. Carlos Rangel afirma que el hecho de que esto al “establishment político colombiano” le pareciera normal sólo indicaba que “la guerra [de independencia] liquidó la soberanía imperial española sin conmover demasiado la sociedad, por lo cual las oligarquías criollas lograron en efecto sustituir pura y simplemente a los procónsules peninsulares; y administraron luego exitosamente un poder tradicional y hereditario, en algunos casos hasta nuestros días”[1].
Nosotros
añadimos aquí un matiz: Los dos primeros eran hijos, en efecto, de
expresidentes, uno liberal y otro conservador, respectivamente; ambos provenientes
de familias aristocráticas. María Eugenia Rojas, en cambio, era hija del
general Rojas Pinilla, que fue un dictador aupado en 1953 por ambos partidos
para que pacificara un país desangrado por una violencia sectaria fuera de
control, y que luego quiso quedarse cuando se sintió respaldado por amplias
corrientes de opinión y ciertos intelectuales de prestigio como Antonio García
Nossa. Fue expulsado del poder en 1957 por un movimiento ciudadano, y trató de
volver como presidente democrático en las elecciones del 19 de abril de 1970,
ya como líder de la Alianza Nacional Popular (ANAPO), opuesta a un Frente
Nacional formado por liberales y conservadores, los mismos que años antes le
habían considerado uno de los suyos. Perdió y atribuyó su derrota a un fraude
electoral. No está claro si lo hubo, pero para muchos jóvenes que habían visto
en él un posible Perón colombiano, fue evidente que le robaron las elecciones,
y de las juventudes de la ANAPO surgieron los primeros miembros del Movimiento
19 de abril (M-19), el grupo terrorista que tanta importancia llegará a tener
en años posteriores y que consideró el supuesto fraude su momento fundacional[2].
María
Eugenia Rojas no tuvo el carisma ni el apoyo para convertirse en una Evita
colombiana, como era su intención, y las elecciones de 1974 se dirimieron realmente
entre los dos partidos tradicionales. Ambos candidatos, Alfonso López Michelsen
y Álvaro Gómez Hurtado, eran “delfines”, hijos de presidentes, formados para
serlo ellos, educados como príncipes para gestionar el poder. El primero cuenta
en Visiones del siglo XX colombiano[3]
que Gómez Hurtado -al que se refiere como “Álvaro” con total familiaridad-
estudió con él en Bruselas, y que fueron amigos desde la infancia. Sólo se
distanciaron cuando sus respectivos padres lideraron bandos opuestos en “la
guerra civil no declarada” que se ha llamado La Violencia (1948-1958), pero
luego recuperaron la amistad a pesar de ser adversarios políticos. Pocos
personajes reciben en este libro tantos elogios intelectuales.
Biografía
política
Álvaro
Gómez Hurtado (Bogotá, 1919-1995) era sin duda un
gran estadista e intelectual. Escribió muchos artículos y libros, aunque no
todos están en los cinco tomos de sus Obras Selectas[4]. La editorial responsable
de esta compilación es Villegas, la misma que publicó por primera vez en una
misma edición los cinco volúmenes de los Escolios a un texto implícito,
del ahora célebre pensador reaccionario Nicolás Gómez Dávila, que fue amigo
del político[5].
El formato aquí es el mismo, un cofre con las obras del autor que incluye un
primer volumen con una introducción biográfica. En el caso de Gómez Hurtado,
ésta corresponde a la que escribió Juan Esteban Constaín, leal “alvarista”
elegido por la viuda como custodio del legado intelectual del político. Esta
edición de la biografía empero es una versión reducida y algo descuidada del
gran libro biográfico sobre Gómez Hurtado de Constaín, Álvaro.
Su vida y su siglo[6], publicado en Random House
en el año 2019.
Este
último libro es el que tomaremos como guía para reconstruir el periplo vital de
Gómez Hurtado. En las primeras páginas el autor nos dice que no pretende
escribir tanto una biografía como “un ensayo de interpretación histórica”, lo
que no implica que no estemos ante una biografía al uso, sino que además de
contarnos los datos esenciales de una vida, también encontramos mucha
información sobre los hechos históricos en los que se circunscribe. Es el mismo
caso que la biografía de López Michelsen[7], la trayectoria vital de
líderes políticos tan decisivos para el país son de alguna manera historia
nacional.
Aunque
a nosotros nos interesa aquí como intelectual, la figura política de Gómez
Hurtado es indiscutiblemente determinante en la historia colombiana de la
segunda mitad del siglo XX. Así que tenemos que conocer algunos datos
esenciales de su trayectoria vital y política.
Álvaro
Gómez Hurtado fue hijo de Laureano Gómez, el líder del Partido Conservador
entre 1933 y 1953 y presidente de la República entre 1950 y 1953, que dejó un
recuerdo de retórica sectaria y responsabilidad política en el estallido de La
Violencia, lo que es cierto sólo en parte[8]. Sin embargo existe un
consenso sobre la idea de que Álvaro Gómez Hurtado no llegó al puesto de primer
mandatario por la mala imagen que tenía el país de su padre. López Michelsen
afirma también en su último libro, Palabras Pendientes, que la sombra
paterna le perjudicó decisivamente, y que su principal error fue no haber
marcado distancias con su progenitor, pero sobre todo con los seguidores del
mismo. Es cierto que Gómez Hurtado había empezado su carrera política como un
conservador duro, como la viva imagen de su padre. Su célebre discurso de las
“repúblicas independientes”, por ejemplo, en el que denunciaba que el gobierno
nacional había cedido el control de amplios territorios del país a las
guerrillas liberales, es de 1961. Aunque algo exageradamente[9], se considera que ese
discurso motivó tres años después la ofensiva militar contra las guerrillas de
Marquetalia, que pasaron a convertirse a raíz del ataque en las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC).
En
1988 fue secuestrado por el M-19, que pedía hacerle un juicio popular. Tras
muchas negociaciones, le liberaron. Desde este episodio su supuesta
intransigencia conservadora se moderó sustancialmente, y se convirtió en uno de
los defensores de la inclusión de esta guerrilla en la redacción de la nueva
constitución. De hecho, Antonio Navarro Wolf, ex guerrillero del “eme”, se
sentará con él, que representaba al Partido Conservador, y con Horacio Serpa,
del Partido Liberal, en la mesa que a seis manos hará la redacción final de la
nueva carta magna. A Gómez Hurtado sin embargo le decepcionará pronto la nueva
etapa que se inauguró en 1991, y llegará a decir que empeoró la situación
previa. Como veremos al seguir su itinerario intelectual, inseparable del político,
fue otro vástago de la élite del poder que acabó sintiéndose ajeno al sistema
político colombiano, al que llamaba despreciativamente “el Régimen.
Si
bien nunca coronó su vida política con la presidencia - perdió de hecho las elecciones
en 1974, 1986 y 1990-, fue un líder de opinión al dirigir el periódico
conservador El siglo, cargo electo en ambas cámaras de la República,
embajador en Washington, uno de los padres de la constitución de 1991, y sobre
todo, sempiterno referente del conservatismo colombiano, aun cuando lideró
escisiones dentro del Partido Conservador.
Gómez
Hurtado fue también el cofundador de la Universidad Sergio Arboleda[10], en Bogotá. Allí impartía
clase y allí fue asesinado por un sicario el dos de noviembre del año 1995. A
día de hoy no se sabe a ciencia cierta quién ordenó el magnicidio
En
¿Por qué lo mataron?[11],
su hermano Enrique Gómez Hurtado trata extensamente todas las teorías sobre los
posibles autores intelectuales del magnicidio. El libro apareció antes de las
negociaciones de paz con las FARC durante la presidencia de Juan Manuel Santos,
por lo que no considera la autoinculpación de la guerrilla en la muerte de su
hermano. De cualquier manera la supuesta implicación en su asesinato de los
líderes guerrilleros, que no tenían nada que perder y sí mucho que ganar en sus
pactos bajo cuerda con la clase política si desviaban las investigaciones, no
son enteramente verosímiles. Tanto para Enrique Gómez Hurtado, como para los
trabajos periodísticos que todavía hoy se publican sobre el caso, todo apunta
más bien hacia funcionarios estatales que se movían en la ilegalidad. Juan
Estaban Constaín apuesta a que fue “el Régimen”.
Durante
la presidencia de Ernesto Samper (1994-1998), Colombia se consideraba un Estado
fallido, incapaz de contener a los diversos grupos armados ilegales. Es un
hecho documentado que hubo un plan entre algunos oficiales del Ejército para
dar un golpe de Estado. Un posible motivo de su asesinato es que Álvaro Gómez
Hurtado, según parece, fue tanteado como posible presidente civil de un
gobierno militar. Tal vez dijo que no en un primer momento, o tal vez solo
después de saber que los Estados Unidos no secundaban el plan. En cualquier
caso, los conspiradores pensaron que el líder conservador ya sabía demasiado y
eso le convertía en una amenaza. La versión de la trama golpista es la que
defiende Ernesto Samper Pizano en sus memorias Aquí estoy y aquí me quedo [12].
La
familia del líder inmolado apunta en cambio a funcionarios del gobierno del
propio Samper, al que la acusación de haber financiado la campaña presidencial
con dinero del narcotráfico le había supuesto la pérdida del visado
estadounidense, y que habían ordenado el asesinato de quien era de facto
el líder de la oposición.
Actualmente
sigue sin estar claro quién fue el autor intelectual del magnicidio.
El
monumento que hay en el norte de Bogotá a su memoria es un monolito del que
emerge la escultura de un caballo, que se basa en uno de los muchos dibujos
equinos que hizo el líder conservador en vida. Las palabras que figuran en la
base son extracto de unos párrafos proféticos de su libro Soy Libre:
Ser abatido por ráfagas de ametralladora, como parecía
ser mi suerte, no debía considerarse como un infortunio singular, quizás no era
'un bel morir', como lo reclamaba Segismundo Malatesta; pero en las actuales
circunstancias del país y del mundo, una muerte así podía no ser un sacrificio
inútil, sino la creación de un símbolo que convocara un movimiento de
restauración[13].
Biografía
intelectual
Las
Obras Selectas de Álvaro Gómez Hurtado son un ejemplo de cómo la
geografía determina a menudo la celebridad intelectual. Estamos ante cientos de
páginas interesantísimas que si las hubiera escrito un político en inglés o
francés hablando de la situación de Europa en la segunda mitad del siglo XX hoy
figurarían entre los clásicos del pensamiento político universal. Gómez Hurtado
empero fue un colombiano atado a los problemas de su patria, por lo que resulta
poco audible en el mundo intelectual occidental, innegablemente inclinado hacia
lo anglosajón, y si acaso también a lo francés y lo germánico.
Este
líder político bogotano fue un apasionado lector de Francisco de Quevedo, un
experto en la filosofía de Max Scheler y José Ortega y Gasset, y un agudo
conocedor de casi todas las corrientes de pensamiento político de su tiempo.
Formado inicialmente como periodista, muy volcado en que le entendieran sus
votantes menos formados intelectualmente, y redactor de manuales
universitarios, casi todo lo que escribió tiene una prosa tan clara como
elegante.
Discursos
políticos
El
segundo tomo de estas Obras, que realmente es el primero de los escritos
“alvaristas”, es una selección de veinte de sus discursos hecha por Constaín,
que acertadamente subtitula el volumen como “El talante
(Pensamiento político, económico y constitucional; doctrina conservadora)”.
Todas estas intervenciones públicas tienen algo de nutriente intelectual aunque
sean producto de una circunstancia determinada de la realidad nacional.
El
primer texto es de 1951 y el último de 1995, el año en que lo mataron. La
trayectoria intelectual y política del líder conservador no puede estar mejor
retratado. Empieza con un texto de juventud en el que niega la necesidad de
cambiar la Constitución de 1886[14], y termina con la
conferencia del 27 de abril de 1995 en el Centro de Estudios Colombianos de
Bogotá, “El enemigo de Colombia es el Régimen”, en el que asegura que la
constituyente de 1991, de la que fue uno de los artífices, ha empeorado la
situación política, y que ahora un conglomerado de intereses compuesto por
corrupción y narcotráfico se ha adueñado del país[15].
En
los otros textos encontramos temas de gran interés tanto por sus diagnósticos
de la política nacional como por su visión de lo que significa ser conservador
en general. Da mucha importancia a la economía; quiere que Colombia produzca
más para vender al extranjero y crear una nueva clase de empresarios modernos y
cosmopolitas, y así renovar la existente, que está formada por empresarios
acomodaticios que viven bajo la tutela del Estado[16]. Insiste a lo largo de
los textos en la necesidad de crear un proyecto colectivo nacional ilusionante
al que puedan sumarse todos los colombianos; su apuesta es por el desarrollo
industrial y la erradicación de la pobreza[17]. También hay muchas
críticas al populismo latinoamericano, y en concreto al del general Rojas
Pinilla[18], que tienen gran
perspicacia, y que hoy se siguen leyendo como análisis de un fenómeno que lejos
de apagarse, sigue centrando la política actual.
Hay
además varias reflexiones sobre la Constitución de 1886. En un texto de 1976
parece aceptar algunas críticas. Empieza con un elogio a la Carta Magna, que ha
dado casi cien años de civilismo al país, pero reconoce que de la triada de la
Revolución Francesa, “libertad, igualdad y fraternidad”, este documento se
centra en la primera, como suelen hacer las constituciones conservadoras
habitualmente[19].
Dice que sin embargo la distinción entre ricos y pobres sigue vigente en
Colombia y que la igualdad es importante también[20]. Aunque reconoce este
mal, niega que se puedan hacer cambios para imponer una igualdad por la fuerza,
porque sería una igualdad injusta y despótica, y que desde luego no se pueden
hacer cambios para tratar de contentar a minorías insurgentes que lo que buscan
es desmantelar el tejido institucional republicano. En una conferencia no
datada, pero posterior al cambio de constitución, repite la encendida defensa
de la Carta de 1886[21], sin embargo termina
elogiando la nueva constitución de 1991. Desliza sutilmente lo que luego
repetirá sin miramientos en sus textos finales: que el texto jurídico que
enmarque la acción del Estado es irrelevante mientras la clase dirigente siga
siendo de mala calidad moral y política[22].
Uno
de los textos más significativos es “El talante”, una conferencia impartida en
el Centro Nacional Conservador el 12 de junio de 1967. La descripción que hace
del talante conservador recuerda bastante a la propuesta de Gómez Dávila sobre
“el reaccionario”. De hecho, una vez que sabemos que ambos personajes fueron
amigos desde su juventud, no es descartable que construyeran su tipología en
diálogo, o más bien, en respetuosa confrontación. Gómez Hurtado hará del
“talante” su marca política. Lo repite a lo largo de varios textos de las Obras
Selectas, y se refiere a él en inúmeras ocasiones en los vídeos que se
pueden ver en Youtube de sus discursos electorales. Para él, ser conservador no
es un programa político, sino una constante del temperamento humano[23]. Los conservadores de un
país no tienen un programa común entre ellos, y mucho menos existe un programa
conservador global. Lo que les une es el mencionado “talante”, que es una
actitud, una concepción del mundo -cita literalmente el término alemán Weltanschauungpartei-
que hermana a espíritus afines más allá de unas siglas políticas. Talante
conservador tenían, nos dice Gómez Hurtado, entre otros, Aristóteles, Catón,
Felipe II, Juan de Mariana, Hobbes, De Maistre y Hegel[24].
Ensayos
históricos
El
tercer tomo de las Obras Selectas es el que más densidad intelectual
tiene. Constaín lo titula “Una aventura del Espíritu (Pensamiento literario,
filosófico e histórico)”. Contiene el gran libro de la bibliografía alvarista, La
revolución en América, y los tres libros de la serie “Cultura Colombiana”, Cultura
y civilización, Choque de culturas, y El Tiempo perdido que
eran los libros de texto que escribió para sus alumnos de la Sergio
Arboleda. También figura en este tomo un
breve ensayo sobre Pierre Teilhard de Chardin, que publicó en El Siglo
el 3 de enero de 1959, muy correcto y divulgativo, y en el que expresa su
admiración por este famoso jesuita.
Gómez
Hurtado escribió La revolución en América durante su exilio en España
por su oposición a la dictadura de Rojas Pinilla (1953-1959), único episodio de
dictadura militar en un país excepcionalmente civilista como Colombia. Lo
publicó en Barcelona en 1958. Constaín pone al libro a la altura de El
laberinto de la soledad de Octavio Paz o La invención de América de
Edmundo O´Gorman. Creemos que no le falta razón[25]. Consideramos que es uno
de los libros más importantes que se han publicado sobre la historia de
Colombia, y aun del continente sudamericano. Si no ha tenido tanta fortuna como
los otros dos libros citados seguramente es porque su contenido no pasaba el
filtro de lo políticamente correcto ni siquiera cuando apareció. Gómez Hurtado
no es nada complaciente con los imaginarios iberoamericanos vigentes en su
tiempo, menos en concreto con los colombianos. Por un lado no es defensor del
legado español, si bien lo asume como mal menor[26], pero sobre todo es su
desmitificación del mundo precolombino el que hace su lectura tan problemática
hoy. Gómez Hurtado no cree que los indígenas andinos tuvieran una gran cultura
antes de la llegada de los europeos, y rechaza que haya trazos significativos
de esa cultura “menor” en la República de Colombia[27]. Es escéptico con
respecto a la idea del mestizaje, que sostiene que existió sin duda al
mezclarse las razas, lo que saluda orgulloso, pero que no se dio culturalmente[28]. Los indígenas no
aportaron casi nada en la formación de la nación colombiana, que es
homogéneamente criolla[29].
Para
Gómez Hurtado Cristobal Colón es el inicio de la historia nacional[30]. Nueva Granada fue un
virreinato español, o sea católico y barroco, hasta que el primer tercio del
siglo XIX una revolución inicial, comprensible en su momento aunque
intelectualmente errada, trajo la República y solo posteriormente trató de
injertar ideas extranjeras en el cuerpo de la nación intentando llenar el vació
dejado por la tradición hispánica, pero éstas nunca llegaron a arraigar[31]. La institucionalidad se
rompió irremediablemente y nunca pudo recuperarse. El hispanoamericano vive
desde entonces en continuo estado revolucionario, perdiendo los trenes de la
historia, utilizando regularmente la violencia para los cambios de poder, sin
marco jurídico estable alguno[32]. Ha llegado a triunfar
así el irracionalismo ambiental, que se ejemplifica con el modelo de “el hombre
con suerte”[33].
Mientras en Estados Unidos prima el ideal del self made man, que trabaja
duro y merece el ascenso social, en Hispanoamérica empero se cree más en el
tipo audaz y sin escrúpulos que medra y consigue un botín. Gómez Hurtado
termina el libro advirtiendo contra el irracionalismo y la falta de
institucionalidad, porque pueden abocar al comunismo en la región[34]. Como es sabido, meses
después de que apareciera La revolución en América en las librerías,
Fidel Castro se hacía con el poder en Cuba.
Los
otros tres libros que forman parte de este tomo de las Obras Selectas (Cultura
y civilización, Choque de culturas, y El Tiempo perdido)
aparecieron inicialmente en 1998 en Bogotá publicados por la Fundación Álvaro
Gómez Hurtado. Son una recopilación de sus lecciones de la Cátedra de Cultura
Colombiana dictadas entre 1994 y 1995. Su estilo en consecuencia es diferente
al de La Revolución en América, no tienen la misma prosa elegante, y se
nota que son textos escritos para ser leídos en un aula universitaria. Aun así
mantienen cuatro décadas después el sustento intelectual de aquel libro, y
básicamente son una actualización de sus temas, haciendo hincapié, eso sí, en
Colombia más que en la región en general. No podía ser menos, ya que su
redacción corresponde con los años de la presidencia de Ernesto Samper, némesis
política de Gómez Hurtado, y uno de los períodos más oscuros de la historia
republicana. La crisis. Cuatro años a bordo del Gobierno de Samper [35], de Luis Cañón M., una
crónica periodística de esos años aciagos, puede leerse como complemento de
estos libros para entender el contexto de su redacción.
La
trilogía de la “Cultura Colombiana” repasa la historia nacional desde la base
conceptual de La revolución en América, aunque ahora lo hace mucho más
desesperanzadamente. El crepuscular Gómez Hurtado ya no ve tan viables las
posibilidades de enderezar el camino. En las últimas páginas del último
volumen, que lleva el diciente título de El tiempo perdido, se pregunta
si Occidente ha sucumbido. Concluye que la última esperanza para Colombia es
que no lo haya hecho, y que todavía haya posibilidad de crear una sociedad no
violenta, cristiana e ilustrada. Como en sus discursos políticos, parece creer
que la tecnología moderna podría venir en ayuda de esta causa[36].
Textos
periodísticos
Es
comprensible que uno de los tomos de su Obra Selecta, el cuarto en
concreto, reúna algunas de sus colaboraciones periodísticas. Gómez Hurtado
principia una conferencia ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en
Cartagena el 17 de octubre de 1985 afirmando: “Soy un periodista y casi nada
más que eso”, aunque inmediatamente matiza que “en Colombia se considera
natural que, por lo mismo, es decir que por ser periodista, sea al mismo tiempo
un político[37].
Luego añade que la mayoría de presidentes de la República vinieron del
periodismo, y que de hecho la libertad de prensa es la garante del
republicanismo colombiano. Ciertamente Gómez Hurtado escribió muchísimo en
prensa y en distintos momentos de su vida dirigió también el periódico
conservador El Siglo.
La
criba de artículos que ha hecho Constaín parece de nuevo apropiada. Hay muy
pocos escritos circunstanciales referidos a asuntos políticos locales que hoy
nadie recuerda. Pero hay tal vez un exceso de textos de polémica histórica en
los que Gómez Hurtado sigue el tópico del partidismo colombiano, en el que los conservadores
se consideran herederos de Simón Bolívar y los liberales de Francisco de Paula
Santander -o lo “nacional” contra lo
“legal”, como dice el autor[38]-, que tal vez no sean de
gran rigor histórico sino más bien producto de una búsqueda de construcción de
narrativa patriótica y conservadora. Hay dos textos también en los que vindica
la figura de su padre, Laureano Gómez, que también son prescindibles. En uno en
concreto le ejemplifica como político defensor de los Derechos Humanos, que es
algo que sólo puede entenderse desde el afecto de un hijo, pero que no se
sostiene si partimos de que el ex presidente fue uno de los muchos instigadores
de La Violencia.
El
primer texto de este cuarto tomo es una colección de reportajes que aparecieron
como libro en 1938, cuando Gómez Hurtado tenía tan solo dieciocho años, El
paraíso perdido de los Soviets. Es un libro breve, cincuenta páginas en
esta edición, que sin embargo tuvo gran repercusión en la Bogotá de su tiempo
por ser la primera publicación que advertía sobre lo que estaba sucediendo en
Rusia en la época[39]. Aunque de interés y muy
bien escrito, no es obviamente un gran libro, y el jovencísimo Gómez Hurtado no
visitó el país ni nada parecido para su redacción. Se limita a citar a otros
autores, principalmente a André Gidé y su Viaje a la URSS, para pintar
un paisaje desolador de las consecuencias de una revolución burocrática y
anticristiana que destruye una sociedad tradicional y castiga con especial
virulencia a los campesinos.
El
Partido Comunista Colombiano de la época se vinculaba intermitentemente con el
Partido Liberal, y en concreto con la facción gaitanista[40], por lo que a pesar de no
tener mucho apoyo electoral su capacidad de influencia era importante. El
Paraíso de los soviets es un gran reportaje periodístico, pero hay que
entenderlo en los albores de La Violencia, en la que el anticomunismo fue
piedra basal del bando conservador. Gómez Hurtado termina el libro con un
alegato final: “El obrero colombiano, el campesino, el pueblo en general debe
saber que en Rusia no se puede vivir, no se puede hablar, pensar, comer, que no
es permitido viajar ni trabajar…La única libertad de que no carece el pueblo
ruso es la de morir, la de agonizar alabando al jefe “genial”, a Stalin”[41].
El
resto de textos que componen este tomo de trabajos en prensa es de gran
calidad. Gómez Hurtado escribe muy bien, se nota que ha investigado cada tema
que trata, y exhibe en algunos casos una fina ironía muy grata. Su artículo de
1980 para El Siglo reivindicando a Quevedo tiene algo de manual de
estilo periodístico. Otro artículo, que aparece sin fecha, criticando lo que
llama la “literatura del ayayay”, para criticar los excesos miserabilistas de
las novelas existenciales, es tan certero como socarrón.
En
los artículos de crónica política hay un claro descenso del optimismo
republicano de los años sesenta, en los que ve posible enderezar al país, a los
artículos de los años ochenta, crepusculares y derrotistas, que Constaín reúne
bajo la cabecera de “Divagaciones”, sin concretar si éste era el nombre de una
columna permanente en El Siglo, o si es un título aleatorio para los
últimos textos de este tomo. En cualquier caso Gómez Hurtado ve aquí la
descomposición de Colombia como la versión exagerada del colapso de Occidente[42]. Hay varias referencias
al narcotráfico, al que ya tan tempranamente como en los años setenta ve
culpable de causar un gran daño a la sociedad colombiana, además de por su
criminalidad, por crear una cultura del dinero fácil[43]. No cree tampoco que sea
un problema estrictamente nacional, ya que el consumo de cocaína se da sobre
todo en Estados Unidos, y plantea que si Colombia va a quedarse sola luchando
contra los cárteles, igual merecería la pena plantearse la despenalización[44].
La
evolución de sus artículos contra la guerrilla izquierdista mantiene también
cierta actualidad. Es muy diciente que en pocos años cambia la valoración del
término “pluralista”: “El concepto de pluralismo en América Latina está mucho
más avanzado [que el de europeos y anglosajones]. Consiste en que se acepte y
promueva la coexistencia, con iguales derechos, de quienes mantienen su
adhesión al sistema democrático y de quienes quieren destruirlo (…) El régimen
pluralista ideal, dentro de nuestra mentalidad, concede iguales garantías a los
amigos y a los enemigos del sistema”[45]. Para terminar
considerándolo una debilidad de la sociedad, un exceso de tolerancia que abre
las puertas a los insurgentes: “El ´pluralismo´ es el caballo de Troya de la
revolución contemporánea (…) Caben dentro en él más enemigos de los que por su
aspecto exterior podría calcularse”[46].
Para
Gómez Dávila, como dice repetidamente en estos textos, el izquierdismo quiere
destruir la sociedad desde unos presupuestos antropológicos y teológicos
erróneos. Cuando además lo hace desde la vía armada suma al error la infamia porque,
aunque imperfecta, Colombia es una democracia donde existen cauces legales para
cambiar el gobierno. El artículo donde más desarrolla esta idea en concreto es
en “La izquierda y el engorro de la revolución”[47], que termina con una
advertencia a los jóvenes que se ven seducidos por los cantos de sirena del
utopismo: sólo les queda el resentimiento y la frustración cuando pase el furor
revolucionario, porque las abstracciones por las que luchaban nunca pueden concretarse
en la realidad mundana.
Dentro
del tomo IV de estas Obras Selectas, empero, el artículo que
consideramos más importante para esta investigación es uno de los dos que
dedica a Charles Maurras. El primero es divulgativo y correcto, “La condena de
Maurras”, una crónica del juicio por colaboracionista del ya anciano fundador
de L´Accion Française. Pero el segundo, “Maurras en Colombia”, es una
breve historia del pensamiento conservador en el país andino de gran interés.
El pensador francés fue muy leído en las élites intelectuales bogotanas, sobre
todo a partir de los años treinta. La separación de Jacques Maritain del grupo
tuvo su traducción también en las dos alas del conservatismo nacional, si bien
Gómez Hurtado parece darle más peso en Colombia a Maurras. Por lo pronto fue el
inspirador directo de Los Leopardos, el grupo colombiano más a la derecha del
momento. Pero en general fue decisivo
además, nos dice el autor, para desarrollar un nacionalismo no hispanista y aun
así tradicionalista. La doctrina de Maurras llevó al Partido Conservador a
reencontrarse con un Bolívar inaugurador de una nueva tradición republicana[48]. Pero sobre todo,
despertó en los jóvenes del Partido la necesidad y el gusto por la lucha
ideológica[49].
Tras su detención en 1944, citar abiertamente a Maurras dejó de ser habitual
entre los jóvenes conservadores, que optaron “por leer de vez en cuando a
Ortega y citar en las ocasiones solemnes a Toynbee”[50].
Libros
de memorias
En
La emboscadura[51] de Ernst Jünger
encontramos un párrafo en el que el escritor alemán introduce los Diarios
de Peter Moer y las Últimas cartas desde la cárcel de Tegel de Helmuth
James von Moltke con estas palabras:
Tal vez en tiempos venideros se tendrá la impresión de
que la parte de nuestra literatura que menos ha surgido de propósitos
literarios es la más vigorosa: todos esos relatos, cartas, diarios que han
brotado en las grandes batidas, en los cercos y desolladeros de nuestro mundo.
Tal vez en aquellos tiempos futuros se verá que en el De profundis
alcanzó el ser humano una hondura que roza los cimientos y que quebranta el
fuerte poder de la duda. De esto se sigue la pérdida de la angustia.
Quizá
estas palabras hubieran sido la mejor presentación para el quinto y último tomo
de las Obras Selectas de Álvaro Gómez Hurtado. Éste se compone de tres libros que reúnen
textos personales y autobiográficos: El primero es Pensando en ti, Margarita,
el segundo Soy libre, y el tercero Diario de un secuestro. Como
se puede deducir de los títulos, los dos últimos son directamente producto de
su secuestro a manos del M-19. El primero empero es la reunión de parte de las
cartas que el líder conservador mandó a su esposa Margarita Escobar López a lo
largo de los muchos años de su vida en común, si bien contiene también parte de
las cartas que sus secuestradores permitieron que enviara a su esposa durante
el cautiverio.
Las
primeras cartas de Pensando en ti, Margarita son de 1944 y las últimas
de 1988. Como era de esperar de una recopilación epistolar en la que
aparentemente no se ha cortado contenido, hay mucha información baladí, como lo
que cenaron en tal noche o que si hay que recoger el traje en tal tintorería. También
hay muchas declaraciones de amor de un marido a su esposa, que parecen muy
sinceras, y mucha crónica de la alta sociedad que no siempre es de interés. Lo
que convierte el libro en fundamental para la historia política del
conservatismo colombiano empero son todos los datos, opiniones y crónicas con
las que Gómez Hurtado va poniendo al día de su actividad a su esposa. Las
maquinaciones contra la dictadura de Rojas desde El Siglo, su apoyo
incondicional desde el exilio a Belisario Betancur como líder de la oposición,
la conformación del Frente Nacional, o las luchas intestinas dentro del Partido
Conservador atraviesan estas páginas[52]. También hay dos cartas
en las que narra sus visitas a España, una en 1965 en la que conoce al General
Franco y alterna con políticos falangistas[53], y otra en 1976 en la que
habla de la mala impresión que le producen los políticos de la Transición, y
afirma que las clases medias y bajas siguen siendo leales al franquismo[54].
Pero
quizá por la propia estructura epistolar del libro, lo que más abundan son las
cartas escritas a su mujer desde el exilio, cuando estaban forzosamente
separados. La primera vez que tuvo que irse de Colombia fue durante La
Violencia, que lleva al joven hijo del líder conservador Laureano Gómez a abandonar
el país por seguridad, y se va a Nueva York, donde desarrolla una fuerte
amistad con Carlos Lleras Restrepo (1908-1994), primo del ex presidente Alberto
Lleras Camargo y futuro presidente liberal él mismo, y que sería uno de los
principales apoyos de Gómez Hurtado cuando en los años noventa crea el
Movimiento Salvación Nacional. Este tiempo de exilio más o menos voluntario en
Nueva York, es relajado, con muchas visitas a espectáculos en Broadway, y
parece no tener grandes apuros económicos; de hecho vive en un apartamento con
vistas a Central Park. El segundo destierro, en los años cincuenta, sí que es
forzoso, ya que el general Rojas Pinillas prohíbe explícitamente el regreso de
su padre, Laureano Gómez, y tanto él como su hermano Enrique sienten que no
pueden abandonarlo cuando está mal de salud, por lo que incluso se plantean
buscar trabajo en Estados Unidos. Además tiene que enterarse desde allí que la
dictadura ha clausurado El Siglo, y que gran parte de los cuadros
conservadores, o no hacen nada contra el régimen dictatorial, o abiertamente
colaboran con él. Hay muchas páginas
dolientes de alguien que se siente enraizado en Colombia y se ve expulsado sin
visos claros de poder volver.
María
Zambrano, una de las pensadoras más destacadas del exilio español, propuso en
su obra Los bienaventurados [55] una tipología del exilio
que distingue entre el refugiado, el desterrado y el exiliado. El refugiado
busca integrarse en una nueva sociedad y, en muchos casos, logra una
asimilación exitosa, como fue el caso de José Gaos en México. El desterrado, en
cambio, vive el exilio como una expulsión traumática e irreparable, incapaz de
desvincularse emocionalmente de su patria; Ortega y Gasset ejemplifica este
tipo de desterrado, quien, a pesar de su exilio, nunca pudo desvincularse
mentalmente de España. Finalmente, Zambrano describe al exiliado como aquel
cuya existencia se define por el desarraigo, un peregrino perpetuo cuya
identidad queda marcada por la ausencia de un hogar fijo. En este sentido, la
propia Zambrano encarnó esta tipología, pasando por diversos países sin llegar
a establecerse definitivamente en ninguno. Gómez Hurtado encajaría sin duda en
el segundo tipo.
Soy
Libre es un libro redactado por el líder conservador tras su
liberación, mientras que el Diario de un secuestro son las notas que los
guerrilleros le permitieron escribir durante su cautiverio. Ambos textos son
realmente un mismo libro en distinto grado de redacción. El primero está muy
trabajado y pensado; en él Gómez Hurtado reflexiona con una prosa bellísima sobre
la política colombiana, la violencia y, sobre todo, el hecho mismo de sufrir un
secuestro. En el segundo se apelotonan párrafos y frases, de gran profundidad
pero sin orden[56],
y también hay dos textos largos escritos con aparente calma; uno de ellos
incluso fue redactado originalmente en francés. No queda claro si datan
específicamente de los días del secuestro o son posteriores.
Soy
Libre, el texto que redactó tras recuperar su libertad, es
en sí mismo una obra colosal. Desconocemos si hay un testimonio equivalente en
cualquier país y momento histórico en el que alguien que haya pasado por un
secuestro político hable con tal serenidad y hondura de su tormento. Gómez
Hurtado describe en las primeras páginas cómo fue el rapto tras la ejecución de
su guardaespaldas. Luego describe su rutina en un habitáculo sin ventanas, su
traslado forzado cuando la policía parece estar cerca, y finalmente su
liberación[57].
Entre medias hay mucha lectura de Karl Marx, el único libro que le permiten
leer, y muchas conversaciones con sus captores. Con ellos habla de arquitectura
y de política, confrontando opiniones pero buscando puntos de encuentro. Gómez
Hurtado reproduce también la correspondencia que intercambia con Carlos
Pizarro, joven líder entonces del M-19 que trata de explicarle que siente que
han tenido que secuestrarle por su condición de oligarca, pero no deja de
mostrarle su admiración intelectual[58].
Pizarro
sería asesinado el veinte de abril de 1990, después de que hubiera sido el
principal artífice de la desmovilización del grupo guerrillero y su
reconversión el partido político, Alianza Democrática M-19, que lideraba. Gómez
Hurtado negociaría empero con los herederos políticos de sus secuestradores la
nueva constitución de 1991.
Conclusión
Alfonso López Michelsen, hijo del ex
presidente liberal Alfonso López Pumarejo, luego presidente él mismo de la
República (1974-1978), publicó una novela en 1953 que tuvo algo de fenómeno
sociológico en su momento, Los elegidos. En ella un hombre de negocios
alemán hace una desoladora descripción de las élites políticas colombianas, que
viven como bárbaros extranjerizados en su propio país, transmitiendo el poder
de padres a hijos, de espaldas al pueblo, como una suerte de aristocracia
reinante sobre una desdichada república.
López
Michelsen sabía bien de qué hablaba. Tanto él como Álvaro Gómez Hurtado fueron
paradigmas de este sistema de familias oligárquicas. No fueron los únicos: las
familias Santos, Ospina, Pastrana o Lleras también han tenido a más de uno de
sus miembros en la presidencia de la República durante el siglo XX, e
incontables gobernadores, ministros y embajadores, así como directores de
bancos y de periódicos.
Gómez
Hurtado presenta sin embargo características que le singularizan frente a otros
“elegidos”.
Primero,
si bien era habitual que las jóvenes promesas de la aristocracia tuvieran buena
formación y talento, su legado intelectual es de primer orden, y de hecho su
reconocimiento se ha visto perjudicado por su condición de líder conservador
iberoamericano. Sus Obras Selectas son empero una lectura de vivo
interés para el pensamiento político colombiano y occidental.
Segundo,
fue un brillante orador y político que nunca llegó a la presidencia, si bien
fue uno de los líderes más importantes del conservatismo de su país. Lejos de
tener un retiro tranquilo, acabó en sus últimos años convertido en cabeza de
oposición a un poder político colombiano del que él mismo había sido uno de sus
más insignes representantes. En un tiempo de descomposición social y ante el
riesgo real de que la República acabara implosionando, abandonó el Partido
Conservador y creó un nuevo partido en 1990, el Movimiento de Salvación
Nacional (MSN), con el que fracasó de nuevo en su intento por llegar a la
presidencia, aunque quedó segundo en las elecciones de ese año.
Cinco
años más tarde, en 1995, murió ametrallado tras haber impartido su clase habitual
en la Universidad Sergio Arboleda. Si bien no se sabe a ciencia cierta quién
ordenó su asesinato, todo apunta a que los responsables se movían en las estancias
del poder. Militares, políticos, narcotraficantes, guerrilleros, o una amalgama
de todos ellos -lo que el propio Gómez Hurtado denunciaba con irritante
insistencia como “el Régimen”-, decidieron que el otrora príncipe de la clase
dirigente era demasiado peligroso para el status quo como para seguir
con vida.
De
la biografía intelectual y política de Álvaro Gómez Hurtado podemos extraer
muchas lecciones sobre la historia de Colombia, pero también sobre la
naturaleza del poder en general.
BIBLIOGRAFÍA
Obras de Álvaro Gómez Hurtado
GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Obras
selectas 1919-2019.Villegas Editores, Bogotá, 2019.
·
Tomo I: “El triunfo de tantas derrotas (Ensayo
biográfico y de interpretación histórica, por Juan Esteban Constaín)”.
·
Tomo II: “El talante (Pensamiento
político, económico y constitucional; doctrina conservadora)”.
·
Tomo III: “Una aventura del Espíritu
(Pensamiento literario, filosófico e histórico)”.
·
Tomo IV: “Nada me es indiferente (Textos
periodísticos y textos sobre el periodismo y el oficio periodístico)”.
·
Tomo V: “Soy libre (Textos personales y
autobiográficos)”.
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[1]RANGEL,
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[2] El mejor libro que conocemos sobre
el M-19 es Siembra vientos y recogerás tempestades de Patricia Lara
Salive. En esta obra se evidencia que este grupo guerrillero, urbano y
nacionalista, plantea una diferencia evidente que más allá de lo ideológico con
las guerrillas marxistas y campesinas de las FARC y el ELN: muchos de sus
líderes eran jóvenes de clase alta. Los ejemplos son muchos, pero que Iván
Marino Ospina fuera de la familia Ospina, con tres ex presidentes en su haber,
es particularmente representativo.
[3] LÓPEZ MICHELSEN, Alfonso.
Visiones del siglo XX colombiano. Editorial Villegas, 2003, Bogotá.
[4] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Obras
selectas 1919 -2019. Editorial Villegas, 2019, Bogotá.
[5] Gómez Dávila aparece en dos
ocasiones en Álvaro.
Su vida y su siglo: En la primera, en los primeros años cuarenta pág. 192),
cuando él, Gómez Hurtado, que se acababa de graduar en derecho por la
Universidad Javeriana, y Alfonso Palacio Rudas, que luego sería alcalde de
Bogotá y ministro de Hacienda, abren un despacho de abogados que fracasa.
Constaín ironiza diciendo que seguramente el negocio quebró porque se gastaban
todos los beneficios en ampliar sus respectivas bibliotecas. La segunda
aparición es al final del libro, cuando Gómez Hurtado, ya un perpetuo líder
conservador que nunca llegó a la presidencia, pero revitalizado tras haber sido
uno de los tres padres de la nueva constitución de 1991, quiere volver a
lanzarse a la carrera presidencial una última vez, esta vez por un partido
“suprapartidista” escindido del Partido Conservador, Salvación Nacional, y
considera personas con que podría contar porque le fueran todavía leales.
Alguien le sugiere el nombre de su viejo amigo, Nicolás Gómez Dávila, que entonces
tenía setenta y ocho años, pero el propio Gómez Hurtado lo rechaza porque
asegura que ya nadie lo saca de su biblioteca, “y menos para meterse en
política” (pág. 297).
[6] CONSTAÍN,
Juan Esteban. Álvaro. Su vida y su siglo. Random House, 2019,
Bogotá.
[7] RANDALL, Stephen J. Alfonso
López Michelsen. Su vida, su época. Villegas Editores, 2007, Bogotá.
[8] El tema de la responsabilidad de
Laureano Gómez en La Violencia se trata in extenso en el capítulo
dedicado a él en Contra la Revolución. Pensamiento reaccionario, una mirada
desde Colombia, un libro coordinado por Jorge Iván Cuervo y Diego Jaramillo
Mutis
[9] CONSTAÍN, Juan Esteban. Álvaro.
Su vida y su siglo, pp. 307 y ss.
[10]Fue el cofundador de una
universidad, como también lo fue Gómez Dávila, cuya contribución fue esencial
para crear la Universidad de los Andes.
[11] GÓMEZ HURTADO, Enrique. ¿Por
qué lo mataron? Controversia Editorial, 2011, Bogotá.
[12] La familia Samper es una de la más
influyentes de la historia de Colombia. Vinculadas desde el siglo XIX al
Partido Liberal, hicieron gran parte de su fortuna con la industria cementera y
el desarrollo de infraestructuras; también controlaron revistas como Semana
y Alternativa. Ernesto Samper fue presidente entre 1994 y 1998. Durante
su gobierno hizo gala de un evidente populismo y un discurso agresivo contra la
aristocracia bogotana. Es sus memorias, Aquí estoy y aquí me quedo,
continuamente se presenta como víctima de una oligarquía capitalina que
conspiraba para que un “outsider” como él no pudiera llevar a cabo políticas
sociales. Evidentemente obvia que él es hijo excelso de esa misma oligarquía.
Su presidencia, posterior a la promulgación de una nueva constitución, tiene ya
algo de canto del cisne de un sistema patricio que se mostró irredimible.
[13] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Obras
Selectas 1919 -2019. Tomo V, p. 230.
[14] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, Tomo
II p. 12.
[15] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
289.
[16] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
142.
[17] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
239.
[18] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
110.
[19] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
220.
[20] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
225.
[21] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
267.
[22] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
289.
[23] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
98.
[24] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
97
[25] La revolución en América se
estudia con gran profundidad en el ya citado Contra la revolución.
[26] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, Tomo
III, p. 26.
[27] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
145.
[28] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
140.
[29] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
129.
[30] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
12.
[31] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
94.
[32] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
125.
[33] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
85.
[34] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
83.
[35] CAÑÓN M. Luis. La Crisis.
Cuatro años a bordo del Gobierno De Samper. Planeta, 1998, Bogotá.
[36] GÓMEZ
HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 464.
[37] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
53.
[38] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
120.
[39]
CONSTAÍN, Juan Esteban. Álvaro. Su vida y su siglo, p. 158.
[40] Jorge Eliécer Gaitán fue un
caudillo liberal populista cuyo asesinato provocó la insurrección popular
conocida como el Bogotazo, principal detonador el conflicto civil armado
conocido como La Violencia.
[41] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
49.
[42] GÓMEZ
HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 226.
[43] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
212.
[44] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
214.
[45] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
55.
[46] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
223.
[47] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, pp.
181 y ss.
[48] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 124.
[49] GÓMEZ
HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.125.
[52] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, Tomo
V, p. 130.
[53] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
150
[54] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
158.
[56] “Pensamientos terminales”, como
los llamará, por no tener nuevas influencias ni ser productos del diálogo, en GÓMEZ
HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 164.
[57] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 161.
[58] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p.
219.

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