21.3.26

El legado intelectual y político de Álvaro Gómez Hurtado

 

En las elecciones de 1974 a la presidencia de la República de Colombia los tres candidatos fueron Alfonso López Michelsen, Álvaro Gómez Hurtado y María Eugenia Rojas, los tres hijos de ex presidentes. Carlos Rangel afirma que el hecho de que esto al “establishment político colombiano” le pareciera normal sólo indicaba que “la guerra [de independencia] liquidó la soberanía imperial española sin conmover demasiado la sociedad, por lo cual las oligarquías criollas lograron en efecto sustituir pura y simplemente a los procónsules peninsulares; y administraron luego exitosamente un poder tradicional y hereditario, en algunos casos hasta nuestros días”[1].

Nosotros añadimos aquí un matiz: Los dos primeros eran hijos, en efecto, de expresidentes, uno liberal y otro conservador, respectivamente; ambos provenientes de familias aristocráticas. María Eugenia Rojas, en cambio, era hija del general Rojas Pinilla, que fue un dictador aupado en 1953 por ambos partidos para que pacificara un país desangrado por una violencia sectaria fuera de control, y que luego quiso quedarse cuando se sintió respaldado por amplias corrientes de opinión y ciertos intelectuales de prestigio como Antonio García Nossa. Fue expulsado del poder en 1957 por un movimiento ciudadano, y trató de volver como presidente democrático en las elecciones del 19 de abril de 1970, ya como líder de la Alianza Nacional Popular (ANAPO), opuesta a un Frente Nacional formado por liberales y conservadores, los mismos que años antes le habían considerado uno de los suyos. Perdió y atribuyó su derrota a un fraude electoral. No está claro si lo hubo, pero para muchos jóvenes que habían visto en él un posible Perón colombiano, fue evidente que le robaron las elecciones, y de las juventudes de la ANAPO surgieron los primeros miembros del Movimiento 19 de abril (M-19), el grupo terrorista que tanta importancia llegará a tener en años posteriores y que consideró el supuesto fraude su momento fundacional[2].

María Eugenia Rojas no tuvo el carisma ni el apoyo para convertirse en una Evita colombiana, como era su intención, y las elecciones de 1974 se dirimieron realmente entre los dos partidos tradicionales. Ambos candidatos, Alfonso López Michelsen y Álvaro Gómez Hurtado, eran “delfines”, hijos de presidentes, formados para serlo ellos, educados como príncipes para gestionar el poder. El primero cuenta en Visiones del siglo XX colombiano[3] que Gómez Hurtado -al que se refiere como “Álvaro” con total familiaridad- estudió con él en Bruselas, y que fueron amigos desde la infancia. Sólo se distanciaron cuando sus respectivos padres lideraron bandos opuestos en “la guerra civil no declarada” que se ha llamado La Violencia (1948-1958), pero luego recuperaron la amistad a pesar de ser adversarios políticos. Pocos personajes reciben en este libro tantos elogios intelectuales.

 

 

Biografía política

Álvaro Gómez Hurtado (Bogotá, 1919-1995) era sin duda un gran estadista e intelectual. Escribió muchos artículos y libros, aunque no todos están en los cinco tomos de sus Obras Selectas[4]. La editorial responsable de esta compilación es Villegas, la misma que publicó por primera vez en una misma edición los cinco volúmenes de los Escolios a un texto implícito, del ahora célebre pensador reaccionario Nicolás Gómez Dávila, que fue amigo del político[5]. El formato aquí es el mismo, un cofre con las obras del autor que incluye un primer volumen con una introducción biográfica. En el caso de Gómez Hurtado, ésta corresponde a la que escribió Juan Esteban Constaín, leal “alvarista” elegido por la viuda como custodio del legado intelectual del político. Esta edición de la biografía empero es una versión reducida y algo descuidada del gran libro biográfico sobre Gómez Hurtado de Constaín, Álvaro. Su vida y su siglo[6], publicado en Random House en el año 2019.

Este último libro es el que tomaremos como guía para reconstruir el periplo vital de Gómez Hurtado. En las primeras páginas el autor nos dice que no pretende escribir tanto una biografía como “un ensayo de interpretación histórica”, lo que no implica que no estemos ante una biografía al uso, sino que además de contarnos los datos esenciales de una vida, también encontramos mucha información sobre los hechos históricos en los que se circunscribe. Es el mismo caso que la biografía de López Michelsen[7], la trayectoria vital de líderes políticos tan decisivos para el país son de alguna manera historia nacional.

Aunque a nosotros nos interesa aquí como intelectual, la figura política de Gómez Hurtado es indiscutiblemente determinante en la historia colombiana de la segunda mitad del siglo XX. Así que tenemos que conocer algunos datos esenciales de su trayectoria vital y política.

Álvaro Gómez Hurtado fue hijo de Laureano Gómez, el líder del Partido Conservador entre 1933 y 1953 y presidente de la República entre 1950 y 1953, que dejó un recuerdo de retórica sectaria y responsabilidad política en el estallido de La Violencia, lo que es cierto sólo en parte[8]. Sin embargo existe un consenso sobre la idea de que Álvaro Gómez Hurtado no llegó al puesto de primer mandatario por la mala imagen que tenía el país de su padre. López Michelsen afirma también en su último libro, Palabras Pendientes, que la sombra paterna le perjudicó decisivamente, y que su principal error fue no haber marcado distancias con su progenitor, pero sobre todo con los seguidores del mismo. Es cierto que Gómez Hurtado había empezado su carrera política como un conservador duro, como la viva imagen de su padre. Su célebre discurso de las “repúblicas independientes”, por ejemplo, en el que denunciaba que el gobierno nacional había cedido el control de amplios territorios del país a las guerrillas liberales, es de 1961. Aunque algo exageradamente[9], se considera que ese discurso motivó tres años después la ofensiva militar contra las guerrillas de Marquetalia, que pasaron a convertirse a raíz del ataque en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En 1988 fue secuestrado por el M-19, que pedía hacerle un juicio popular. Tras muchas negociaciones, le liberaron. Desde este episodio su supuesta intransigencia conservadora se moderó sustancialmente, y se convirtió en uno de los defensores de la inclusión de esta guerrilla en la redacción de la nueva constitución. De hecho, Antonio Navarro Wolf, ex guerrillero del “eme”, se sentará con él, que representaba al Partido Conservador, y con Horacio Serpa, del Partido Liberal, en la mesa que a seis manos hará la redacción final de la nueva carta magna. A Gómez Hurtado sin embargo le decepcionará pronto la nueva etapa que se inauguró en 1991, y llegará a decir que empeoró la situación previa. Como veremos al seguir su itinerario intelectual, inseparable del político, fue otro vástago de la élite del poder que acabó sintiéndose ajeno al sistema político colombiano, al que llamaba despreciativamente “el Régimen.

Si bien nunca coronó su vida política con la presidencia - perdió de hecho las elecciones en 1974, 1986 y 1990-, fue un líder de opinión al dirigir el periódico conservador El siglo, cargo electo en ambas cámaras de la República, embajador en Washington, uno de los padres de la constitución de 1991, y sobre todo, sempiterno referente del conservatismo colombiano, aun cuando lideró escisiones dentro del Partido Conservador.

Gómez Hurtado fue también el cofundador de la Universidad Sergio Arboleda[10], en Bogotá. Allí impartía clase y allí fue asesinado por un sicario el dos de noviembre del año 1995. A día de hoy no se sabe a ciencia cierta quién ordenó el magnicidio

En ¿Por qué lo mataron?[11], su hermano Enrique Gómez Hurtado trata extensamente todas las teorías sobre los posibles autores intelectuales del magnicidio. El libro apareció antes de las negociaciones de paz con las FARC durante la presidencia de Juan Manuel Santos, por lo que no considera la autoinculpación de la guerrilla en la muerte de su hermano. De cualquier manera la supuesta implicación en su asesinato de los líderes guerrilleros, que no tenían nada que perder y sí mucho que ganar en sus pactos bajo cuerda con la clase política si desviaban las investigaciones, no son enteramente verosímiles. Tanto para Enrique Gómez Hurtado, como para los trabajos periodísticos que todavía hoy se publican sobre el caso, todo apunta más bien hacia funcionarios estatales que se movían en la ilegalidad. Juan Estaban Constaín apuesta a que fue “el Régimen”.

Durante la presidencia de Ernesto Samper (1994-1998), Colombia se consideraba un Estado fallido, incapaz de contener a los diversos grupos armados ilegales. Es un hecho documentado que hubo un plan entre algunos oficiales del Ejército para dar un golpe de Estado. Un posible motivo de su asesinato es que Álvaro Gómez Hurtado, según parece, fue tanteado como posible presidente civil de un gobierno militar. Tal vez dijo que no en un primer momento, o tal vez solo después de saber que los Estados Unidos no secundaban el plan. En cualquier caso, los conspiradores pensaron que el líder conservador ya sabía demasiado y eso le convertía en una amenaza. La versión de la trama golpista es la que defiende Ernesto Samper Pizano en sus memorias Aquí estoy y aquí me quedo [12].

La familia del líder inmolado apunta en cambio a funcionarios del gobierno del propio Samper, al que la acusación de haber financiado la campaña presidencial con dinero del narcotráfico le había supuesto la pérdida del visado estadounidense, y que habían ordenado el asesinato de quien era de facto el líder de la oposición.

Actualmente sigue sin estar claro quién fue el autor intelectual del magnicidio.

El monumento que hay en el norte de Bogotá a su memoria es un monolito del que emerge la escultura de un caballo, que se basa en uno de los muchos dibujos equinos que hizo el líder conservador en vida. Las palabras que figuran en la base son extracto de unos párrafos proféticos de su libro Soy Libre:

Ser abatido por ráfagas de ametralladora, como parecía ser mi suerte, no debía considerarse como un infortunio singular, quizás no era 'un bel morir', como lo reclamaba Segismundo Malatesta; pero en las actuales circunstancias del país y del mundo, una muerte así podía no ser un sacrificio inútil, sino la creación de un símbolo que convocara un movimiento de restauración[13].

 

 

Biografía intelectual

Las Obras Selectas de Álvaro Gómez Hurtado son un ejemplo de cómo la geografía determina a menudo la celebridad intelectual. Estamos ante cientos de páginas interesantísimas que si las hubiera escrito un político en inglés o francés hablando de la situación de Europa en la segunda mitad del siglo XX hoy figurarían entre los clásicos del pensamiento político universal. Gómez Hurtado empero fue un colombiano atado a los problemas de su patria, por lo que resulta poco audible en el mundo intelectual occidental, innegablemente inclinado hacia lo anglosajón, y si acaso también a lo francés y lo germánico. 

Este líder político bogotano fue un apasionado lector de Francisco de Quevedo, un experto en la filosofía de Max Scheler y José Ortega y Gasset, y un agudo conocedor de casi todas las corrientes de pensamiento político de su tiempo. Formado inicialmente como periodista, muy volcado en que le entendieran sus votantes menos formados intelectualmente, y redactor de manuales universitarios, casi todo lo que escribió tiene una prosa tan clara como elegante.

 

Discursos políticos

El segundo tomo de estas Obras, que realmente es el primero de los escritos “alvaristas”, es una selección de veinte de sus discursos hecha por Constaín, que acertadamente subtitula el volumen como “El talante (Pensamiento político, económico y constitucional; doctrina conservadora)”. Todas estas intervenciones públicas tienen algo de nutriente intelectual aunque sean producto de una circunstancia determinada de la realidad nacional.

El primer texto es de 1951 y el último de 1995, el año en que lo mataron. La trayectoria intelectual y política del líder conservador no puede estar mejor retratado. Empieza con un texto de juventud en el que niega la necesidad de cambiar la Constitución de 1886[14], y termina con la conferencia del 27 de abril de 1995 en el Centro de Estudios Colombianos de Bogotá, “El enemigo de Colombia es el Régimen”, en el que asegura que la constituyente de 1991, de la que fue uno de los artífices, ha empeorado la situación política, y que ahora un conglomerado de intereses compuesto por corrupción y narcotráfico se ha adueñado del país[15].

En los otros textos encontramos temas de gran interés tanto por sus diagnósticos de la política nacional como por su visión de lo que significa ser conservador en general. Da mucha importancia a la economía; quiere que Colombia produzca más para vender al extranjero y crear una nueva clase de empresarios modernos y cosmopolitas, y así renovar la existente, que está formada por empresarios acomodaticios que viven bajo la tutela del Estado[16]. Insiste a lo largo de los textos en la necesidad de crear un proyecto colectivo nacional ilusionante al que puedan sumarse todos los colombianos; su apuesta es por el desarrollo industrial y la erradicación de la pobreza[17]. También hay muchas críticas al populismo latinoamericano, y en concreto al del general Rojas Pinilla[18], que tienen gran perspicacia, y que hoy se siguen leyendo como análisis de un fenómeno que lejos de apagarse, sigue centrando la política actual.

Hay además varias reflexiones sobre la Constitución de 1886. En un texto de 1976 parece aceptar algunas críticas. Empieza con un elogio a la Carta Magna, que ha dado casi cien años de civilismo al país, pero reconoce que de la triada de la Revolución Francesa, “libertad, igualdad y fraternidad”, este documento se centra en la primera, como suelen hacer las constituciones conservadoras habitualmente[19]. Dice que sin embargo la distinción entre ricos y pobres sigue vigente en Colombia y que la igualdad es importante también[20]. Aunque reconoce este mal, niega que se puedan hacer cambios para imponer una igualdad por la fuerza, porque sería una igualdad injusta y despótica, y que desde luego no se pueden hacer cambios para tratar de contentar a minorías insurgentes que lo que buscan es desmantelar el tejido institucional republicano. En una conferencia no datada, pero posterior al cambio de constitución, repite la encendida defensa de la Carta de 1886[21], sin embargo termina elogiando la nueva constitución de 1991. Desliza sutilmente lo que luego repetirá sin miramientos en sus textos finales: que el texto jurídico que enmarque la acción del Estado es irrelevante mientras la clase dirigente siga siendo de mala calidad moral y política[22]. 

Uno de los textos más significativos es “El talante”, una conferencia impartida en el Centro Nacional Conservador el 12 de junio de 1967. La descripción que hace del talante conservador recuerda bastante a la propuesta de Gómez Dávila sobre “el reaccionario”. De hecho, una vez que sabemos que ambos personajes fueron amigos desde su juventud, no es descartable que construyeran su tipología en diálogo, o más bien, en respetuosa confrontación. Gómez Hurtado hará del “talante” su marca política. Lo repite a lo largo de varios textos de las Obras Selectas, y se refiere a él en inúmeras ocasiones en los vídeos que se pueden ver en Youtube de sus discursos electorales. Para él, ser conservador no es un programa político, sino una constante del temperamento humano[23]. Los conservadores de un país no tienen un programa común entre ellos, y mucho menos existe un programa conservador global. Lo que les une es el mencionado “talante”, que es una actitud, una concepción del mundo -cita literalmente el término alemán Weltanschauungpartei- que hermana a espíritus afines más allá de unas siglas políticas. Talante conservador tenían, nos dice Gómez Hurtado, entre otros, Aristóteles, Catón, Felipe II, Juan de Mariana, Hobbes, De Maistre y Hegel[24].    

 

 

Ensayos históricos

El tercer tomo de las Obras Selectas es el que más densidad intelectual tiene. Constaín lo titula “Una aventura del Espíritu (Pensamiento literario, filosófico e histórico)”. Contiene el gran libro de la bibliografía alvarista, La revolución en América, y los tres libros de la serie “Cultura Colombiana”, Cultura y civilización, Choque de culturas, y El Tiempo perdido que eran los libros de texto que escribió para sus alumnos de la Sergio Arboleda.  También figura en este tomo un breve ensayo sobre Pierre Teilhard de Chardin, que publicó en El Siglo el 3 de enero de 1959, muy correcto y divulgativo, y en el que expresa su admiración por este famoso jesuita.

Gómez Hurtado escribió La revolución en América durante su exilio en España por su oposición a la dictadura de Rojas Pinilla (1953-1959), único episodio de dictadura militar en un país excepcionalmente civilista como Colombia. Lo publicó en Barcelona en 1958. Constaín pone al libro a la altura de El laberinto de la soledad de Octavio Paz o La invención de América de Edmundo O´Gorman. Creemos que no le falta razón[25]. Consideramos que es uno de los libros más importantes que se han publicado sobre la historia de Colombia, y aun del continente sudamericano. Si no ha tenido tanta fortuna como los otros dos libros citados seguramente es porque su contenido no pasaba el filtro de lo políticamente correcto ni siquiera cuando apareció. Gómez Hurtado no es nada complaciente con los imaginarios iberoamericanos vigentes en su tiempo, menos en concreto con los colombianos. Por un lado no es defensor del legado español, si bien lo asume como mal menor[26], pero sobre todo es su desmitificación del mundo precolombino el que hace su lectura tan problemática hoy. Gómez Hurtado no cree que los indígenas andinos tuvieran una gran cultura antes de la llegada de los europeos, y rechaza que haya trazos significativos de esa cultura “menor” en la República de Colombia[27]. Es escéptico con respecto a la idea del mestizaje, que sostiene que existió sin duda al mezclarse las razas, lo que saluda orgulloso, pero que no se dio culturalmente[28]. Los indígenas no aportaron casi nada en la formación de la nación colombiana, que es homogéneamente criolla[29]. 

Para Gómez Hurtado Cristobal Colón es el inicio de la historia nacional[30]. Nueva Granada fue un virreinato español, o sea católico y barroco, hasta que el primer tercio del siglo XIX una revolución inicial, comprensible en su momento aunque intelectualmente errada, trajo la República y solo posteriormente trató de injertar ideas extranjeras en el cuerpo de la nación intentando llenar el vació dejado por la tradición hispánica, pero éstas nunca llegaron a arraigar[31]. La institucionalidad se rompió irremediablemente y nunca pudo recuperarse. El hispanoamericano vive desde entonces en continuo estado revolucionario, perdiendo los trenes de la historia, utilizando regularmente la violencia para los cambios de poder, sin marco jurídico estable alguno[32]. Ha llegado a triunfar así el irracionalismo ambiental, que se ejemplifica con el modelo de “el hombre con suerte”[33]. Mientras en Estados Unidos prima el ideal del self made man, que trabaja duro y merece el ascenso social, en Hispanoamérica empero se cree más en el tipo audaz y sin escrúpulos que medra y consigue un botín. Gómez Hurtado termina el libro advirtiendo contra el irracionalismo y la falta de institucionalidad, porque pueden abocar al comunismo en la región[34]. Como es sabido, meses después de que apareciera La revolución en América en las librerías, Fidel Castro se hacía con el poder en Cuba.   

Los otros tres libros que forman parte de este tomo de las Obras Selectas (Cultura y civilización, Choque de culturas, y El Tiempo perdido) aparecieron inicialmente en 1998 en Bogotá publicados por la Fundación Álvaro Gómez Hurtado. Son una recopilación de sus lecciones de la Cátedra de Cultura Colombiana dictadas entre 1994 y 1995. Su estilo en consecuencia es diferente al de La Revolución en América, no tienen la misma prosa elegante, y se nota que son textos escritos para ser leídos en un aula universitaria. Aun así mantienen cuatro décadas después el sustento intelectual de aquel libro, y básicamente son una actualización de sus temas, haciendo hincapié, eso sí, en Colombia más que en la región en general. No podía ser menos, ya que su redacción corresponde con los años de la presidencia de Ernesto Samper, némesis política de Gómez Hurtado, y uno de los períodos más oscuros de la historia republicana. La crisis. Cuatro años a bordo del Gobierno de Samper [35], de Luis Cañón M., una crónica periodística de esos años aciagos, puede leerse como complemento de estos libros para entender el contexto de su redacción.   

La trilogía de la “Cultura Colombiana” repasa la historia nacional desde la base conceptual de La revolución en América, aunque ahora lo hace mucho más desesperanzadamente. El crepuscular Gómez Hurtado ya no ve tan viables las posibilidades de enderezar el camino. En las últimas páginas del último volumen, que lleva el diciente título de El tiempo perdido, se pregunta si Occidente ha sucumbido. Concluye que la última esperanza para Colombia es que no lo haya hecho, y que todavía haya posibilidad de crear una sociedad no violenta, cristiana e ilustrada. Como en sus discursos políticos, parece creer que la tecnología moderna podría venir en ayuda de esta causa[36].

 

Textos periodísticos

Es comprensible que uno de los tomos de su Obra Selecta, el cuarto en concreto, reúna algunas de sus colaboraciones periodísticas. Gómez Hurtado principia una conferencia ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en Cartagena el 17 de octubre de 1985 afirmando: “Soy un periodista y casi nada más que eso”, aunque inmediatamente matiza que “en Colombia se considera natural que, por lo mismo, es decir que por ser periodista, sea al mismo tiempo un político[37]. Luego añade que la mayoría de presidentes de la República vinieron del periodismo, y que de hecho la libertad de prensa es la garante del republicanismo colombiano. Ciertamente Gómez Hurtado escribió muchísimo en prensa y en distintos momentos de su vida dirigió también el periódico conservador El Siglo.

La criba de artículos que ha hecho Constaín parece de nuevo apropiada. Hay muy pocos escritos circunstanciales referidos a asuntos políticos locales que hoy nadie recuerda. Pero hay tal vez un exceso de textos de polémica histórica en los que Gómez Hurtado sigue el tópico del partidismo colombiano, en el que los conservadores se consideran herederos de Simón Bolívar y los liberales de Francisco de Paula Santander   -o lo “nacional” contra lo “legal”, como dice el autor[38]-, que tal vez no sean de gran rigor histórico sino más bien producto de una búsqueda de construcción de narrativa patriótica y conservadora. Hay dos textos también en los que vindica la figura de su padre, Laureano Gómez, que también son prescindibles. En uno en concreto le ejemplifica como político defensor de los Derechos Humanos, que es algo que sólo puede entenderse desde el afecto de un hijo, pero que no se sostiene si partimos de que el ex presidente fue uno de los muchos instigadores de La Violencia.

El primer texto de este cuarto tomo es una colección de reportajes que aparecieron como libro en 1938, cuando Gómez Hurtado tenía tan solo dieciocho años, El paraíso perdido de los Soviets. Es un libro breve, cincuenta páginas en esta edición, que sin embargo tuvo gran repercusión en la Bogotá de su tiempo por ser la primera publicación que advertía sobre lo que estaba sucediendo en Rusia en la época[39]. Aunque de interés y muy bien escrito, no es obviamente un gran libro, y el jovencísimo Gómez Hurtado no visitó el país ni nada parecido para su redacción. Se limita a citar a otros autores, principalmente a André Gidé y su Viaje a la URSS, para pintar un paisaje desolador de las consecuencias de una revolución burocrática y anticristiana que destruye una sociedad tradicional y castiga con especial virulencia a los campesinos.

El Partido Comunista Colombiano de la época se vinculaba intermitentemente con el Partido Liberal, y en concreto con la facción gaitanista[40], por lo que a pesar de no tener mucho apoyo electoral su capacidad de influencia era importante. El Paraíso de los soviets es un gran reportaje periodístico, pero hay que entenderlo en los albores de La Violencia, en la que el anticomunismo fue piedra basal del bando conservador. Gómez Hurtado termina el libro con un alegato final: “El obrero colombiano, el campesino, el pueblo en general debe saber que en Rusia no se puede vivir, no se puede hablar, pensar, comer, que no es permitido viajar ni trabajar…La única libertad de que no carece el pueblo ruso es la de morir, la de agonizar alabando al jefe “genial”, a Stalin”[41].

El resto de textos que componen este tomo de trabajos en prensa es de gran calidad. Gómez Hurtado escribe muy bien, se nota que ha investigado cada tema que trata, y exhibe en algunos casos una fina ironía muy grata. Su artículo de 1980 para El Siglo reivindicando a Quevedo tiene algo de manual de estilo periodístico. Otro artículo, que aparece sin fecha, criticando lo que llama la “literatura del ayayay”, para criticar los excesos miserabilistas de las novelas existenciales, es tan certero como socarrón.

En los artículos de crónica política hay un claro descenso del optimismo republicano de los años sesenta, en los que ve posible enderezar al país, a los artículos de los años ochenta, crepusculares y derrotistas, que Constaín reúne bajo la cabecera de “Divagaciones”, sin concretar si éste era el nombre de una columna permanente en El Siglo, o si es un título aleatorio para los últimos textos de este tomo. En cualquier caso Gómez Hurtado ve aquí la descomposición de Colombia como la versión exagerada del colapso de Occidente[42]. Hay varias referencias al narcotráfico, al que ya tan tempranamente como en los años setenta ve culpable de causar un gran daño a la sociedad colombiana, además de por su criminalidad, por crear una cultura del dinero fácil[43]. No cree tampoco que sea un problema estrictamente nacional, ya que el consumo de cocaína se da sobre todo en Estados Unidos, y plantea que si Colombia va a quedarse sola luchando contra los cárteles, igual merecería la pena plantearse la despenalización[44].  

La evolución de sus artículos contra la guerrilla izquierdista mantiene también cierta actualidad. Es muy diciente que en pocos años cambia la valoración del término “pluralista”: “El concepto de pluralismo en América Latina está mucho más avanzado [que el de europeos y anglosajones]. Consiste en que se acepte y promueva la coexistencia, con iguales derechos, de quienes mantienen su adhesión al sistema democrático y de quienes quieren destruirlo (…) El régimen pluralista ideal, dentro de nuestra mentalidad, concede iguales garantías a los amigos y a los enemigos del sistema”[45]. Para terminar considerándolo una debilidad de la sociedad, un exceso de tolerancia que abre las puertas a los insurgentes: “El ´pluralismo´ es el caballo de Troya de la revolución contemporánea (…) Caben dentro en él más enemigos de los que por su aspecto exterior podría calcularse”[46].

Para Gómez Dávila, como dice repetidamente en estos textos, el izquierdismo quiere destruir la sociedad desde unos presupuestos antropológicos y teológicos erróneos. Cuando además lo hace desde la vía armada suma al error la infamia porque, aunque imperfecta, Colombia es una democracia donde existen cauces legales para cambiar el gobierno. El artículo donde más desarrolla esta idea en concreto es en “La izquierda y el engorro de la revolución”[47], que termina con una advertencia a los jóvenes que se ven seducidos por los cantos de sirena del utopismo: sólo les queda el resentimiento y la frustración cuando pase el furor revolucionario, porque las abstracciones por las que luchaban nunca pueden concretarse en la realidad mundana.

Dentro del tomo IV de estas Obras Selectas, empero, el artículo que consideramos más importante para esta investigación es uno de los dos que dedica a Charles Maurras. El primero es divulgativo y correcto, “La condena de Maurras”, una crónica del juicio por colaboracionista del ya anciano fundador de L´Accion Française. Pero el segundo, “Maurras en Colombia”, es una breve historia del pensamiento conservador en el país andino de gran interés. El pensador francés fue muy leído en las élites intelectuales bogotanas, sobre todo a partir de los años treinta. La separación de Jacques Maritain del grupo tuvo su traducción también en las dos alas del conservatismo nacional, si bien Gómez Hurtado parece darle más peso en Colombia a Maurras. Por lo pronto fue el inspirador directo de Los Leopardos, el grupo colombiano más a la derecha del momento.  Pero en general fue decisivo además, nos dice el autor, para desarrollar un nacionalismo no hispanista y aun así tradicionalista. La doctrina de Maurras llevó al Partido Conservador a reencontrarse con un Bolívar inaugurador de una nueva tradición republicana[48]. Pero sobre todo, despertó en los jóvenes del Partido la necesidad y el gusto por la lucha ideológica[49]. Tras su detención en 1944, citar abiertamente a Maurras dejó de ser habitual entre los jóvenes conservadores, que optaron “por leer de vez en cuando a Ortega y citar en las ocasiones solemnes a Toynbee”[50].

 

Libros de memorias

En La emboscadura[51] de Ernst Jünger encontramos un párrafo en el que el escritor alemán introduce los Diarios de Peter Moer y las Últimas cartas desde la cárcel de Tegel de Helmuth James von Moltke con estas palabras:

Tal vez en tiempos venideros se tendrá la impresión de que la parte de nuestra literatura que menos ha surgido de propósitos literarios es la más vigorosa: todos esos relatos, cartas, diarios que han brotado en las grandes batidas, en los cercos y desolladeros de nuestro mundo. Tal vez en aquellos tiempos futuros se verá que en el De profundis alcanzó el ser humano una hondura que roza los cimientos y que quebranta el fuerte poder de la duda. De esto se sigue la pérdida de la angustia.

Quizá estas palabras hubieran sido la mejor presentación para el quinto y último tomo de las Obras Selectas de Álvaro Gómez Hurtado.  Éste se compone de tres libros que reúnen textos personales y autobiográficos: El primero es Pensando en ti, Margarita, el segundo Soy libre, y el tercero Diario de un secuestro. Como se puede deducir de los títulos, los dos últimos son directamente producto de su secuestro a manos del M-19. El primero empero es la reunión de parte de las cartas que el líder conservador mandó a su esposa Margarita Escobar López a lo largo de los muchos años de su vida en común, si bien contiene también parte de las cartas que sus secuestradores permitieron que enviara a su esposa durante el cautiverio.

Las primeras cartas de Pensando en ti, Margarita son de 1944 y las últimas de 1988. Como era de esperar de una recopilación epistolar en la que aparentemente no se ha cortado contenido, hay mucha información baladí, como lo que cenaron en tal noche o que si hay que recoger el traje en tal tintorería. También hay muchas declaraciones de amor de un marido a su esposa, que parecen muy sinceras, y mucha crónica de la alta sociedad que no siempre es de interés. Lo que convierte el libro en fundamental para la historia política del conservatismo colombiano empero son todos los datos, opiniones y crónicas con las que Gómez Hurtado va poniendo al día de su actividad a su esposa. Las maquinaciones contra la dictadura de Rojas desde El Siglo, su apoyo incondicional desde el exilio a Belisario Betancur como líder de la oposición, la conformación del Frente Nacional, o las luchas intestinas dentro del Partido Conservador atraviesan estas páginas[52]. También hay dos cartas en las que narra sus visitas a España, una en 1965 en la que conoce al General Franco y alterna con políticos falangistas[53], y otra en 1976 en la que habla de la mala impresión que le producen los políticos de la Transición, y afirma que las clases medias y bajas siguen siendo leales al franquismo[54].   

Pero quizá por la propia estructura epistolar del libro, lo que más abundan son las cartas escritas a su mujer desde el exilio, cuando estaban forzosamente separados. La primera vez que tuvo que irse de Colombia fue durante La Violencia, que lleva al joven hijo del líder conservador Laureano Gómez a abandonar el país por seguridad, y se va a Nueva York, donde desarrolla una fuerte amistad con Carlos Lleras Restrepo (1908-1994), primo del ex presidente Alberto Lleras Camargo y futuro presidente liberal él mismo, y que sería uno de los principales apoyos de Gómez Hurtado cuando en los años noventa crea el Movimiento Salvación Nacional. Este tiempo de exilio más o menos voluntario en Nueva York, es relajado, con muchas visitas a espectáculos en Broadway, y parece no tener grandes apuros económicos; de hecho vive en un apartamento con vistas a Central Park. El segundo destierro, en los años cincuenta, sí que es forzoso, ya que el general Rojas Pinillas prohíbe explícitamente el regreso de su padre, Laureano Gómez, y tanto él como su hermano Enrique sienten que no pueden abandonarlo cuando está mal de salud, por lo que incluso se plantean buscar trabajo en Estados Unidos. Además tiene que enterarse desde allí que la dictadura ha clausurado El Siglo, y que gran parte de los cuadros conservadores, o no hacen nada contra el régimen dictatorial, o abiertamente colaboran con él.  Hay muchas páginas dolientes de alguien que se siente enraizado en Colombia y se ve expulsado sin visos claros de poder volver. 

María Zambrano, una de las pensadoras más destacadas del exilio español, propuso en su obra Los bienaventurados [55] una tipología del exilio que distingue entre el refugiado, el desterrado y el exiliado. El refugiado busca integrarse en una nueva sociedad y, en muchos casos, logra una asimilación exitosa, como fue el caso de José Gaos en México. El desterrado, en cambio, vive el exilio como una expulsión traumática e irreparable, incapaz de desvincularse emocionalmente de su patria; Ortega y Gasset ejemplifica este tipo de desterrado, quien, a pesar de su exilio, nunca pudo desvincularse mentalmente de España. Finalmente, Zambrano describe al exiliado como aquel cuya existencia se define por el desarraigo, un peregrino perpetuo cuya identidad queda marcada por la ausencia de un hogar fijo. En este sentido, la propia Zambrano encarnó esta tipología, pasando por diversos países sin llegar a establecerse definitivamente en ninguno. Gómez Hurtado encajaría sin duda en el segundo tipo.

Soy Libre es un libro redactado por el líder conservador tras su liberación, mientras que el Diario de un secuestro son las notas que los guerrilleros le permitieron escribir durante su cautiverio. Ambos textos son realmente un mismo libro en distinto grado de redacción. El primero está muy trabajado y pensado; en él Gómez Hurtado reflexiona con una prosa bellísima sobre la política colombiana, la violencia y, sobre todo, el hecho mismo de sufrir un secuestro. En el segundo se apelotonan párrafos y frases, de gran profundidad pero sin orden[56], y también hay dos textos largos escritos con aparente calma; uno de ellos incluso fue redactado originalmente en francés. No queda claro si datan específicamente de los días del secuestro o son posteriores.

Soy Libre, el texto que redactó tras recuperar su libertad, es en sí mismo una obra colosal. Desconocemos si hay un testimonio equivalente en cualquier país y momento histórico en el que alguien que haya pasado por un secuestro político hable con tal serenidad y hondura de su tormento. Gómez Hurtado describe en las primeras páginas cómo fue el rapto tras la ejecución de su guardaespaldas. Luego describe su rutina en un habitáculo sin ventanas, su traslado forzado cuando la policía parece estar cerca, y finalmente su liberación[57]. Entre medias hay mucha lectura de Karl Marx, el único libro que le permiten leer, y muchas conversaciones con sus captores. Con ellos habla de arquitectura y de política, confrontando opiniones pero buscando puntos de encuentro. Gómez Hurtado reproduce también la correspondencia que intercambia con Carlos Pizarro, joven líder entonces del M-19 que trata de explicarle que siente que han tenido que secuestrarle por su condición de oligarca, pero no deja de mostrarle su admiración intelectual[58].

Pizarro sería asesinado el veinte de abril de 1990, después de que hubiera sido el principal artífice de la desmovilización del grupo guerrillero y su reconversión el partido político, Alianza Democrática M-19, que lideraba. Gómez Hurtado negociaría empero con los herederos políticos de sus secuestradores la nueva constitución de 1991.

 

 

Conclusión

Alfonso López Michelsen, hijo del ex presidente liberal Alfonso López Pumarejo, luego presidente él mismo de la República (1974-1978), publicó una novela en 1953 que tuvo algo de fenómeno sociológico en su momento, Los elegidos. En ella un hombre de negocios alemán hace una desoladora descripción de las élites políticas colombianas, que viven como bárbaros extranjerizados en su propio país, transmitiendo el poder de padres a hijos, de espaldas al pueblo, como una suerte de aristocracia reinante sobre una desdichada república.

López Michelsen sabía bien de qué hablaba. Tanto él como Álvaro Gómez Hurtado fueron paradigmas de este sistema de familias oligárquicas. No fueron los únicos: las familias Santos, Ospina, Pastrana o Lleras también han tenido a más de uno de sus miembros en la presidencia de la República durante el siglo XX, e incontables gobernadores, ministros y embajadores, así como directores de bancos y de periódicos.

Gómez Hurtado presenta sin embargo características que le singularizan frente a otros “elegidos”.

Primero, si bien era habitual que las jóvenes promesas de la aristocracia tuvieran buena formación y talento, su legado intelectual es de primer orden, y de hecho su reconocimiento se ha visto perjudicado por su condición de líder conservador iberoamericano. Sus Obras Selectas son empero una lectura de vivo interés para el pensamiento político colombiano y occidental. 

Segundo, fue un brillante orador y político que nunca llegó a la presidencia, si bien fue uno de los líderes más importantes del conservatismo de su país. Lejos de tener un retiro tranquilo, acabó en sus últimos años convertido en cabeza de oposición a un poder político colombiano del que él mismo había sido uno de sus más insignes representantes. En un tiempo de descomposición social y ante el riesgo real de que la República acabara implosionando, abandonó el Partido Conservador y creó un nuevo partido en 1990, el Movimiento de Salvación Nacional (MSN), con el que fracasó de nuevo en su intento por llegar a la presidencia, aunque quedó segundo en las elecciones de ese año. 

Cinco años más tarde, en 1995, murió ametrallado tras haber impartido su clase habitual en la Universidad Sergio Arboleda. Si bien no se sabe a ciencia cierta quién ordenó su asesinato, todo apunta a que los responsables se movían en las estancias del poder. Militares, políticos, narcotraficantes, guerrilleros, o una amalgama de todos ellos -lo que el propio Gómez Hurtado denunciaba con irritante insistencia como “el Régimen”-, decidieron que el otrora príncipe de la clase dirigente era demasiado peligroso para el status quo como para seguir con vida.

De la biografía intelectual y política de Álvaro Gómez Hurtado podemos extraer muchas lecciones sobre la historia de Colombia, pero también sobre la naturaleza del poder en general.

 

BIBLIOGRAFÍA

Obras de Álvaro Gómez Hurtado

GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Obras selectas 1919-2019.Villegas Editores, Bogotá, 2019.

·         Tomo I: “El triunfo de tantas derrotas (Ensayo biográfico y de interpretación histórica, por Juan Esteban Constaín)”.

·         Tomo II: “El talante (Pensamiento político, económico y constitucional; doctrina conservadora)”.

·         Tomo III: “Una aventura del Espíritu (Pensamiento literario, filosófico e histórico)”.

·         Tomo IV: “Nada me es indiferente (Textos periodísticos y textos sobre el periodismo y el oficio periodístico)”.

·         Tomo V: “Soy libre (Textos personales y autobiográficos)”.

 

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[2] El mejor libro que conocemos sobre el M-19 es Siembra vientos y recogerás tempestades de Patricia Lara Salive. En esta obra se evidencia que este grupo guerrillero, urbano y nacionalista, plantea una diferencia evidente que más allá de lo ideológico con las guerrillas marxistas y campesinas de las FARC y el ELN: muchos de sus líderes eran jóvenes de clase alta. Los ejemplos son muchos, pero que Iván Marino Ospina fuera de la familia Ospina, con tres ex presidentes en su haber, es particularmente representativo.

 

[3] LÓPEZ MICHELSEN, Alfonso. Visiones del siglo XX colombiano. Editorial Villegas, 2003, Bogotá.

 

[4] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Obras selectas 1919 -2019. Editorial Villegas, 2019, Bogotá.

 

[5] Gómez Dávila aparece en dos ocasiones en Álvaro. Su vida y su siglo: En la primera, en los primeros años cuarenta pág. 192), cuando él, Gómez Hurtado, que se acababa de graduar en derecho por la Universidad Javeriana, y Alfonso Palacio Rudas, que luego sería alcalde de Bogotá y ministro de Hacienda, abren un despacho de abogados que fracasa. Constaín ironiza diciendo que seguramente el negocio quebró porque se gastaban todos los beneficios en ampliar sus respectivas bibliotecas. La segunda aparición es al final del libro, cuando Gómez Hurtado, ya un perpetuo líder conservador que nunca llegó a la presidencia, pero revitalizado tras haber sido uno de los tres padres de la nueva constitución de 1991, quiere volver a lanzarse a la carrera presidencial una última vez, esta vez por un partido “suprapartidista” escindido del Partido Conservador, Salvación Nacional, y considera personas con que podría contar porque le fueran todavía leales. Alguien le sugiere el nombre de su viejo amigo, Nicolás Gómez Dávila, que entonces tenía setenta y ocho años, pero el propio Gómez Hurtado lo rechaza porque asegura que ya nadie lo saca de su biblioteca, “y menos para meterse en política” (pág. 297). 

 

[7] RANDALL, Stephen J. Alfonso López Michelsen. Su vida, su época. Villegas Editores, 2007, Bogotá.

 

[8] El tema de la responsabilidad de Laureano Gómez en La Violencia se trata in extenso en el capítulo dedicado a él en Contra la Revolución. Pensamiento reaccionario, una mirada desde Colombia, un libro coordinado por Jorge Iván Cuervo y Diego Jaramillo Mutis

 

[9] CONSTAÍN, Juan Esteban. Álvaro. Su vida y su siglo, pp. 307 y ss.

 

[10]Fue el cofundador de una universidad, como también lo fue Gómez Dávila, cuya contribución fue esencial para crear la Universidad de los Andes.

 

[11] GÓMEZ HURTADO, Enrique. ¿Por qué lo mataron? Controversia Editorial, 2011, Bogotá.

 

[12] La familia Samper es una de la más influyentes de la historia de Colombia. Vinculadas desde el siglo XIX al Partido Liberal, hicieron gran parte de su fortuna con la industria cementera y el desarrollo de infraestructuras; también controlaron revistas como Semana y Alternativa. Ernesto Samper fue presidente entre 1994 y 1998. Durante su gobierno hizo gala de un evidente populismo y un discurso agresivo contra la aristocracia bogotana. Es sus memorias, Aquí estoy y aquí me quedo, continuamente se presenta como víctima de una oligarquía capitalina que conspiraba para que un “outsider” como él no pudiera llevar a cabo políticas sociales. Evidentemente obvia que él es hijo excelso de esa misma oligarquía. Su presidencia, posterior a la promulgación de una nueva constitución, tiene ya algo de canto del cisne de un sistema patricio que se mostró irredimible. 

 

[13] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Obras Selectas 1919 -2019. Tomo V, p. 230.

 

[14] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, Tomo II p. 12.

 

[15] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 289.

 

[16] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 142.

 

[17] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 239.

 

[18] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 110.

 

[19] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 220.

 

[20] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 225.

 

[21] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 267.

 

[22] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 289.

 

[23] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 98.

 

[24] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 97

 

[25] La revolución en América se estudia con gran profundidad en el ya citado Contra la revolución.

 

[26] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, Tomo III, p. 26.

 

[27] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 145.

 

[28] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 140.

 

[29] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 129.

 

[30] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 12.

 

[31] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 94.

 

[32] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 125.

 

[33] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 85.

 

[34] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 83.

 

[35] CAÑÓN M. Luis. La Crisis. Cuatro años a bordo del Gobierno De Samper. Planeta, 1998, Bogotá.

 

[37] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 53.

 

[38] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 120.

 

[39]  CONSTAÍN, Juan Esteban. Álvaro. Su vida y su siglo, p. 158.

 

[40] Jorge Eliécer Gaitán fue un caudillo liberal populista cuyo asesinato provocó la insurrección popular conocida como el Bogotazo, principal detonador el conflicto civil armado conocido como La Violencia.

 

[41] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 49.

 

[43] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 212.

 

[44] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 214.

 

[45] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 55.

 

[46] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 223.

 

[47] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, pp. 181 y ss.

 

[48] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 124.

 

[52] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, Tomo V, p. 130.

 

[53] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 150

 

[54] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 158.

 

[56] “Pensamientos terminales”, como los llamará, por no tener nuevas influencias ni ser productos del diálogo, en GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 164.

 

[57] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 161.


[58] GÓMEZ HURTADO, Álvaro. Ibidem, p. 219.

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