"La sombra de Cartago ha sollozado así para que los hombres tuviesen conocimiento de la posibilidad de ese exterminio total.
Cartago es el océano; aparición tan sólo, nube solamente."
— El libro de Cartago, Juan Eduardo Cirlot
De Cartago recordamos que estaba en el norte de África, que luchó contra Roma en las guerras púnicas y que uno de sus generales más célebres, Aníbal, atravesó los Alpes con un ejército en el que había elefantes. Pero finalmente fue derrotado por Escipión el Africano y, al verse vencido, se suicidó. Años después, los romanos arrasaron la ciudad y esparcieron sal sobre sus ruinas para que nunca más creciera nada allí.
Sin embargo, más allá de estos hechos, se sabe poco sobre Cartago. Los romanos no solo destruyeron la ciudad, sino también toda la memoria que había de ella. Y, como suele ocurrir, este olvido la ha convertido en un símbolo.
Para el poeta Juan Eduardo Cirlot, por ejemplo, en El libro de Cartago, la ciudad representa toda existencia aniquilada. En su obra poética, Cartago reaparece encarnada en una mujer de tez morena que le recrimina a Cirlot ser hijo de Roma, la gran exterminadora.